domingo, 20 de diciembre de 2009

Perseveración.

Esta semana dejé de ver a alguien a quien aprendí a querer bastante durante un par de meses. Meses alternados durante este año. Dejé de verlo porque uno aprende en la vida, entre otras cosas absurdas, que uno no puede tener cerca a varias personas que quiere. Es raro. Pero es. Y no hay más vueltas que darle al asunto, porque por más de que uno intente seguir conservando cierto vínculo, el vínculo se pierde o se destroza, que al final es lo mismo pero con un matiz distinto. Así, uno aprende a conservar el cariño en el freezer, eso sí, estático en el recuerdo y entonces, cuando alguien te vuelva a preguntar por fulanito o menganita alguna vez en el futuro, vos vas a pensasentir* que lo/la querías mucho, esto seguido por una especie de punzada en algún lugar no específicado de la extensión corpórea. Va a ser un pensamiento rápido y una punzada precisa pero pesada y en el intento de remediar la pausa, en la culpa de no estar siendo totalmente sincero con tu interlocutor, vas a apurar el paso y decir más rápido todavía: “-Sí, sí, con Fulanito o Menganita la pasabamos re bien, buen tipo o buena mina, qué es de la vida?... ah mirá vos”. Y eso será todo.
Cuestión que hace un par de días ya que no hablamos ni nos vemos porque decidimos dejar de hacerlo. Porque a pesar de querernos las cosas no marchaban bien entre nosotros y para vos, tampoco iban a marchar en ningún momento. Quien sabe si en algún momento marcharon. Para mi, bueno, yo, aparentemente, soy caso aparte. En psicología hay una técnica psicodiagnóstica que se llama Bender y en el Bender a uno le dan unas tarjetas, cada tarjeta tiene un dibujo o una figura y uno tiene que copiarla en una hoja en blanco. Pues bien, hay personas que cuando no les sale bien la figura, o no les sale lo bien que ellos querrían, la borran y la vuelven a dibujar, la borran y la vuelven a dibujar muchas veces, todas las que sean necesarias hasta quedar más o menos satisfechos o darse por vencidos y pasar a la próxima. De esas personas se dice que son perseverantes. En general, en esta técnica, la perseverancia no tiene el visto bueno de los psicólogos. Así que volviendo a lo que estábamos, yo soy una persona perseverante y perseverante y muy perseverante. Y puedo estar rumiando y dando vueltas mil veces a un problema hasta encontrar una solución. Para vos yo soy o era, perseverante, y para vos, igual que para los psicólogos del Bender, esto es o era un indicador de que algo no andaba bien conmigo, en mí. Porque yo sí creía que las cosas podían mejorar y que si uno se quiere y quiere estar con otra persona, las cosas marchan. Y el punto trágico-cómico del asunto es que para vos todo se reducía al pan pan y al vino vino y las cosas como son. A pesar de ser perseverante, no soy autista, así que si algo sé de la perseverancia es que cuando se trata de un asunto donde hay más de una persona implicada más vale tener en cuenta lo que la otra persona piensa, siente y quiere. Cuestión que yo quería seguir perseverando pero estaba sola. Quería persuadirte, convencerte, invitarte a la aventura de la perseverancia, de la tarea de Sísifo, del intentarlo otra vez. Pero sabía que vos ya estabas resuelto y que no importaba qué dijera, la decisión de terminar había sido unánime, unilateral e implícita. Porque claro, no me lo ibas a decir. Sí, en cambio, me dijiste “-No te molestes en pensar, yo ya pensé por los dos y no hay nada que hacer. Podemos seguir saliendo pero nunca vamos a ser una pareja”. Si no me largue a llorar en ese mismo momento fue también por perseverante. Porque toda mi vida me he obligado a la disciplina, a seguir adelante, y no quería desaprovechar la ocasión de ponerme a prueba. Aparte estaba sola. Con vos caminando al lado, pero sola. Se entiende. Y llorar, hubiese empeorado las cosas. Hubiese demorado lo que vos querías dejar resuelto esa tarde y el dolor que yo no quería tener que volver a sentir otra tarde más.
Hace algunos días ya que no nos hablamos ni nos vemos. Yo sigo pensando aunque intente disuadir a mi perseverancia mental. Porque aunque haya logrado quitar del medio la perseverancia de la acción in situ, la otra no me abandona y jamás me he propuesto ser perseverante en abandonar mi perseverancia mental. Me distraigo pienso en otras cosas, persevero mientras en otras cosas, porque siempre hay cosas que salen mal o pueden salir mejor. Me esfuerzo. Me entreno. Me ejercito. Creo que fue Fito o Spinnetta el que dijo que el amor era un ejercicio. Yo les creo, lástima que nunca los escuchaste. Quizá a ellos sí les creías. Quizá creo demasiado. Quizá, la perseverancia sea mi vicio y no una virtud tal como uno querría que sea. Quizá después de todo, la perseverancia no sea resultado de la fortaleza sino sólo un indicador más de mi necedad para algunos o idealismo para otros. Y mientras pienso en todo esto, escucho la perseverancia de mis papas, de treinta y pico de años de matrimonio y las mismas discusiones de siempre. Un ruido leve pero molesto, sin lugar a dudas, que se extiende cada vez que tengo el gusto de visitar mi viejo hogar. Percibo esa perseverancia en el error y me horrorizo un poco, es claro, por qué quien quiere una perseverancia que sólo sirva para más conflicto. Y me digo a mi misma que tal vez estabas en lo cierto y lo nuestro hubiese sido siempre como un auto empantanado que resbala y resbala pero no avanza. Y medio a disgusto, medio insatisfecha me digo que es hora de pasar a la siguiente figura. Que con esta ya no puedo hacer más nada a pesar de que quiera, que el psicólogo ya me sacó el lápiz, el sacapuntas y la goma. Miro la otra figura, la veo borrosa y me da un poco de miedo, porque siempre tuve un miedo encarnado a no hacer las cosas bien. Le pido al psicólogo el lápiz porque sí voy a seguir con la tarea. Voy a probar de nuevo con una figurita distinta. Agarro una hoja en blanco y empiezo a dibujar. Porque yo sé entrenarme y sé lo que es entrar en el área a pesar de no meter gol. A pesar de errar el penal.


* Neologismo que indica dos de las actividades claves del ser humano, podría decir simplemente experimentar pero piensosiento que no denota exactamente lo que quiero decir.