sábado, 5 de noviembre de 2016

Notas al pie


Temblor del ficus
en noches secas:
un uzampo se acomoda.











[1] El uzampo es un animal de rincones. Sabe del arte de pasar desapercibido. Por eso nadie nunca lo ha visto. Se dice que el primero en identificar esta raza no fue Darwin sino un indio de tribu maya en alguna noche a la ribera. Sus coetáneos no le creyeron pero un viajero agudo, apodado Jerecito, llegó a tomar algunas notas dejando documentadas las primerísimas referencias de la especie. Otros archivos históricos que registran los mismos datos aducen, en efecto, que el uzampo bien podría ser una manifestación engañosa de Quetzalcóatl (o de abusos intencionados del peyote que a veces toma la forma de Quetzalcóatl).
A finales del siglo XIX un grupo de científicos finlandeses fundamentó la existencia de este ejemplar, escribiendo varios tratados acerca de las conductas diferenciales que realiza el uzampo según estación: su ciclo reproductivo, sus hábitos alimentarios, sus mañas y demás habilidades imponderables. No llama la atención que hayan sido científicos teniendo en cuenta la histórica (e idiosincrática) sed de este grupo por postular existencias de inobservables. Ahora, llevan años en su búsqueda y, aunque han encontrado muchas −vaporosas− evidencias de su comportamiento, no han hallado aún ningún ejemplar vivo ni siquiera material fósil que demuestre su existencia. Al enterarse de ello, en el año 1999 un número ampuloso de ambientalistas tomaron las calles de toda la costa oeste americana considerándolos en vías de extinción. Los reclamos solo tuvieron repercusiones en la prensa de Japón donde se dice que, por falta de espacio, los uzampos han sido prácticamente desaparecidos.

[2] Nota del autor. A mí el uzampo me cautiva. Hasta diría: me excita. Por las noches cuando siento ruido en casa imagino que es algún uzampito acomodándose justo en el hueco que hay entre la heladera y la mesada. Lo dejé especialmente para tentar a alguno. No he puesto ninguna trampa. Odio los chantajes explícitos. Me gustaría sí, en cambio, ese tipo de relación muy tácita y sutil, donde los individuos se estiman secretamente en el silencio.

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