Hay tanto adiós
en la caída de una novia,
todo un ramo
se desplaza.
Y ojalá pueda obligarme a ser un cazador de lo bello y que nunca se me escape nada | Thoreau
sábado, 26 de junio de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Gris, la siesta.
Dejé morir nuestro animal
de simple corazón
mutilado. Lo dejé morir.
Escuché su dificultad
para respirar, el jadeo
espiralado dibujando,
circulo tras circulo,
un compás rayado
y, hasta creí escuchar,
sus intenciones de levantarse.
No sonreí al verlo muerto
en la llanura de la siesta gris.
Lo miré, desalmado:
un saco de huesos
que no se atrevía ni decía nada.
Agarré mi metafórica pala
y cavé entre las neuronas,
los axones, las dendritas
bien profundo
para enterrarlo.
Lo dejé ahí tendido
en la telaraña subterránea
que a veces resucita en los sueños
para calmar el animal
y mis bestias: las faunas
sofocadas.
de simple corazón
mutilado. Lo dejé morir.
Escuché su dificultad
para respirar, el jadeo
espiralado dibujando,
circulo tras circulo,
un compás rayado
y, hasta creí escuchar,
sus intenciones de levantarse.
No sonreí al verlo muerto
en la llanura de la siesta gris.
Lo miré, desalmado:
un saco de huesos
que no se atrevía ni decía nada.
Agarré mi metafórica pala
y cavé entre las neuronas,
los axones, las dendritas
bien profundo
para enterrarlo.
Lo dejé ahí tendido
en la telaraña subterránea
que a veces resucita en los sueños
para calmar el animal
y mis bestias: las faunas
sofocadas.
jueves, 13 de mayo de 2010
Croquis del adolescente correcto.
En la plaza,
la carne a quema ropa
sabe ubicar,
cualquier filosofía perdida.
la carne a quema ropa
sabe ubicar,
cualquier filosofía perdida.
viernes, 30 de abril de 2010
El ojal de la flor
Tengo un arma
sin destino
a.punto y clavo los ojos en blanco:
la piel en flor, se deshoja.
sin destino
a.punto y clavo los ojos en blanco:
la piel en flor, se deshoja.
sábado, 17 de abril de 2010
lunes, 12 de abril de 2010
¨
Necesito tanto de un dios,
que fabrico varios a diario.
No por politeísta
si no, lo que es peor aún, por si las dudas.
que fabrico varios a diario.
No por politeísta
si no, lo que es peor aún, por si las dudas.
viernes, 2 de abril de 2010
¨
Quiero gritar
una y otra vez infinito
y que mi eco se resbale,
tantas veces como mi yo,
antes de responderme.
una y otra vez infinito
y que mi eco se resbale,
tantas veces como mi yo,
antes de responderme.
domingo, 21 de marzo de 2010
pulseada informativa
Desconozco mi razón
de ser. Tengo sólo un pulso
que va al galope o al paso
según el temporal
se aproxima.
de ser. Tengo sólo un pulso
que va al galope o al paso
según el temporal
se aproxima.
viernes, 29 de enero de 2010
Clepsidra deshidratada
A este catalejo malparido
se le acabaron las visiones de gitana
ermitaña
Quedan una o dos velas prendidas
al borde de un santuario
donde ciertas reliquias
resucitan, de tanto en tanto, los párpados caídos
Atrás siempre atrás
se sacuden los polvos
de futuros fuegos de artificio
Pero nada se ve
adelante, sólo
se sabe inocente,
el cielo despejado
Una gitana predice un pasado
donde los muertos son
los mejores bailarines
y los vivos, recuerdos subterráneos
de una era mítica e infeliz
o infeliz y mítica era
Adelante siempre adelante,
un desierto tan blanco
como uno desearía
fuera lo incoloro
Atrás jamás adelante / Adelante jamás atrás
el refugio de la mirada
atontada que se sabe
prescindible para cualquier tiempo
embalsamado.
se le acabaron las visiones de gitana
ermitaña
Quedan una o dos velas prendidas
al borde de un santuario
donde ciertas reliquias
resucitan, de tanto en tanto, los párpados caídos
Atrás siempre atrás
se sacuden los polvos
de futuros fuegos de artificio
Pero nada se ve
adelante, sólo
se sabe inocente,
el cielo despejado
Una gitana predice un pasado
donde los muertos son
los mejores bailarines
y los vivos, recuerdos subterráneos
de una era mítica e infeliz
o infeliz y mítica era
Adelante siempre adelante,
un desierto tan blanco
como uno desearía
fuera lo incoloro
Atrás jamás adelante / Adelante jamás atrás
el refugio de la mirada
atontada que se sabe
prescindible para cualquier tiempo
embalsamado.
domingo, 25 de octubre de 2009
El truco del resto.
Tengo mis cucharas aprontadas
para la sopa del porvenir
mi colección de cartas
de corazones
en formato mp3
para llevar a todos lados
el truco y sus fantasmas
son metamorfoseables
Tengo mis cuchillos afilados
y carne todavía en el freezer
para darle a quien quiera
todos los músculos
tirados al asador
porque no hay reservas
sólo queda un resto
de envidio
o de falta, para terminar
la partida.
para la sopa del porvenir
mi colección de cartas
de corazones
en formato mp3
para llevar a todos lados
el truco y sus fantasmas
son metamorfoseables
Tengo mis cuchillos afilados
y carne todavía en el freezer
para darle a quien quiera
todos los músculos
tirados al asador
porque no hay reservas
sólo queda un resto
de envidio
o de falta, para terminar
la partida.
martes, 13 de octubre de 2009
Las inefables.
Hay una cicatriz que se hunde. Abajo de la piel queda un desecho: algo fue entonces y sigue siendo (otra cosa), pero no se ve. Nos acostumbramos a no ver porque no podemos verlo todo. No existe instante concentrando sino sólo una mueca de concentración en el instante. Una mueca dolorida pusiste entonces. Después una sonriente, otra perpleja, una soñadora, resignada, dolorida y así sucesivamente. La historia de las muecas es la historia de las cicatrices que es, a su vez, la de la vida y también la de muerte. Todas las historias son todas simultáneamente, pero sólo contamos algunas porque no somos capaces de leerlas y contarlas todas a la par.
Tengo historias que quedan olvidadas después de bajarme del colectivo: historias de una hoja, de un vuelco del corazón, de un rosario en la mano y un celular en la otra; otras que se sepultan después de una noche de tormenta: de cucos, de fantasmas de las esquinas, de palpitos de fin del mundo, de monedas temblando en una fuente de deseos. Así, mi mente es un cementerio de historias que nunca terminaron de materializarse en un cuerpo escrito.
Algunos cuerpos son misterios y los misterios siempre tienen alma. El alma canta, a veces entona un hurra y otras una melodía media tristonga que acompaña el sueño de la almohada de Quiroga, la caída del tobogán, el abrazo de un amigo que hace tanto y tan poco no se ve, la mirada de mamama en el cielo negro. Mamá me dijo un día que este mundo es chiquito y nuestras almas son demasiado grandes, por eso de vez en cuando explotan y se van a otro lado donde puedan entrar enteras. No siempre son tan grandes, pero algunas crecen mucho y empiezan a querer salirse del cuerpo para sentirse más cómodas. Me dijo que por eso la vecina de al lado cantaba tan lindo. Yo creo que la vecina tenía un alma gigante. Y el señor de enfrente, debería tener un alma de dinosaurio. El señor de enfrente pintaba cuadros, algunos te daban ganas de entrar en la tela y descoser los colores para jugar al elástico, saltar la cuerda, tirarte en una hamaca paraguaya. Otros te ponían la piel de gallina y querías taparte los oídos porque era un canto de lo más estridente. Mamá me dijo que las almas también pueden contagiarse entre sí y empezar a hacer y pensar cosas parecidas. Eso es lo que pasa en los casamientos, en las fiestas, pero más pasa todavía cuando dos personas se quieren mucho. Las almas tienen muchos misterios. A mi sólo me contaron algunos.
A veces las almas viajan de un cuerpo a otro hasta que pueden sentirse a sus anchas. Los cuerpos las extrañan un poco, pero después se olvidan porque tienen memoria de muy corto plazo. Mis manos, por ejemplo, se acuerdan del tacto de las hojas de eucalipto, mi nariz del olor de jazmines en primavera, mi lengua del sabor a Miranda manzana en los cumpleaños que tenía cuando era chica, y así todo mi cuerpo tiene censores con piletas de recuerdos. Pero si mi alma se va, esos recuerdos no durarían mucho. Hay almas transatlánticas, almas nómades, almas verde alga, almas garras, almas descuartizadas. Las hay de todos los tipos. La mía es un alma de cajita musical. A veces se pone caprichosa y deja de cantar. Otras se empantana bien adentro y no hay forma de hacerla salir a dar una vuelta por el papel. Pero nunca quiere dejar el cuerpo.
No es tan fácil que un alma deje un cuerpo, porque por más de que las almas crezcan mucho y, a veces quieran salirse y otras estallen, las almas crecen por el cuerpo. En verdad, las almas le deben mucho a todos los cuerpos en los que han estado y en los que estarán porque los cuerpos les prestan muchas cosas, como estar con otras almas y poder tocar otros cuerpos. No sé cómo se sentirá un alma cuando ya no puede entrar en ningún cuerpo. Eso es algo que nunca se lo pude preguntar a mamá. Mamá tenía un cuerpo hermosísimo y un alma más hermosa todavía. Era un alma vagabunda y le encantaba salir a andar a caballo. Se ponía unas bombachas gigantes y trepaba rápido al lomo sin necesitar estribos. A veces me ponía bastante celosa porque podía estar toda una tarde galopando, acariciando las crines, viendo los caballos sentada abajo del viejo lapacho amarillo. Claro que la mayoría de las veces yo estaba con ella, pero sabía que mucho de su alma no estaba conmigo. Decía que su alma en otros tiempos había sido un unicornio y más tarde, un potrillo azabache, una yegua baya y un pura sangre cabrío. Deberían existir árboles genealógicos de las almas, pero eso sería casi un imposible, porque cuando un alma explota no se le puede seguir el ritmo.
Algunos físicos dicen que es el caos. Y el caos es el misterio. El misterio es no poder saberlo todo porque nuestras almas, para poder ser conocidas, siempre están en algún cuerpo. La física estudia el comportamiento de los cuerpos pero sabe poquitísimo de las almas. Claro que está la metafísica y también están las religiones, la psicología y la parapsicología. Pero eso, en recuento, son muchas historias. Historia dentro historias también. Como mamushkas infinitas que nunca terminan de desnudarse. Nadie nunca vio un alma desnuda. Hay quienes dicen que es porque son invisibles. Yo no les creo. Yo creo que nos acostumbramos a no ver porque no podemos verlo todo, y ver un alma sería casi lo mismo.
Tengo historias que quedan olvidadas después de bajarme del colectivo: historias de una hoja, de un vuelco del corazón, de un rosario en la mano y un celular en la otra; otras que se sepultan después de una noche de tormenta: de cucos, de fantasmas de las esquinas, de palpitos de fin del mundo, de monedas temblando en una fuente de deseos. Así, mi mente es un cementerio de historias que nunca terminaron de materializarse en un cuerpo escrito.
Algunos cuerpos son misterios y los misterios siempre tienen alma. El alma canta, a veces entona un hurra y otras una melodía media tristonga que acompaña el sueño de la almohada de Quiroga, la caída del tobogán, el abrazo de un amigo que hace tanto y tan poco no se ve, la mirada de mamama en el cielo negro. Mamá me dijo un día que este mundo es chiquito y nuestras almas son demasiado grandes, por eso de vez en cuando explotan y se van a otro lado donde puedan entrar enteras. No siempre son tan grandes, pero algunas crecen mucho y empiezan a querer salirse del cuerpo para sentirse más cómodas. Me dijo que por eso la vecina de al lado cantaba tan lindo. Yo creo que la vecina tenía un alma gigante. Y el señor de enfrente, debería tener un alma de dinosaurio. El señor de enfrente pintaba cuadros, algunos te daban ganas de entrar en la tela y descoser los colores para jugar al elástico, saltar la cuerda, tirarte en una hamaca paraguaya. Otros te ponían la piel de gallina y querías taparte los oídos porque era un canto de lo más estridente. Mamá me dijo que las almas también pueden contagiarse entre sí y empezar a hacer y pensar cosas parecidas. Eso es lo que pasa en los casamientos, en las fiestas, pero más pasa todavía cuando dos personas se quieren mucho. Las almas tienen muchos misterios. A mi sólo me contaron algunos.
A veces las almas viajan de un cuerpo a otro hasta que pueden sentirse a sus anchas. Los cuerpos las extrañan un poco, pero después se olvidan porque tienen memoria de muy corto plazo. Mis manos, por ejemplo, se acuerdan del tacto de las hojas de eucalipto, mi nariz del olor de jazmines en primavera, mi lengua del sabor a Miranda manzana en los cumpleaños que tenía cuando era chica, y así todo mi cuerpo tiene censores con piletas de recuerdos. Pero si mi alma se va, esos recuerdos no durarían mucho. Hay almas transatlánticas, almas nómades, almas verde alga, almas garras, almas descuartizadas. Las hay de todos los tipos. La mía es un alma de cajita musical. A veces se pone caprichosa y deja de cantar. Otras se empantana bien adentro y no hay forma de hacerla salir a dar una vuelta por el papel. Pero nunca quiere dejar el cuerpo.
No es tan fácil que un alma deje un cuerpo, porque por más de que las almas crezcan mucho y, a veces quieran salirse y otras estallen, las almas crecen por el cuerpo. En verdad, las almas le deben mucho a todos los cuerpos en los que han estado y en los que estarán porque los cuerpos les prestan muchas cosas, como estar con otras almas y poder tocar otros cuerpos. No sé cómo se sentirá un alma cuando ya no puede entrar en ningún cuerpo. Eso es algo que nunca se lo pude preguntar a mamá. Mamá tenía un cuerpo hermosísimo y un alma más hermosa todavía. Era un alma vagabunda y le encantaba salir a andar a caballo. Se ponía unas bombachas gigantes y trepaba rápido al lomo sin necesitar estribos. A veces me ponía bastante celosa porque podía estar toda una tarde galopando, acariciando las crines, viendo los caballos sentada abajo del viejo lapacho amarillo. Claro que la mayoría de las veces yo estaba con ella, pero sabía que mucho de su alma no estaba conmigo. Decía que su alma en otros tiempos había sido un unicornio y más tarde, un potrillo azabache, una yegua baya y un pura sangre cabrío. Deberían existir árboles genealógicos de las almas, pero eso sería casi un imposible, porque cuando un alma explota no se le puede seguir el ritmo.
Algunos físicos dicen que es el caos. Y el caos es el misterio. El misterio es no poder saberlo todo porque nuestras almas, para poder ser conocidas, siempre están en algún cuerpo. La física estudia el comportamiento de los cuerpos pero sabe poquitísimo de las almas. Claro que está la metafísica y también están las religiones, la psicología y la parapsicología. Pero eso, en recuento, son muchas historias. Historia dentro historias también. Como mamushkas infinitas que nunca terminan de desnudarse. Nadie nunca vio un alma desnuda. Hay quienes dicen que es porque son invisibles. Yo no les creo. Yo creo que nos acostumbramos a no ver porque no podemos verlo todo, y ver un alma sería casi lo mismo.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Pelicula sordomuda
Yo esperaba que empiece a sonar la música. Estabas vos, el que era el amor (de ese momento) de mi vida y la música no sonaba. En cualquier comedia romántica ordinaria, una banda sonora alimentaria todo ese silencio que se arma entre dos personas que supuestamente (al menos, para la más sencilla y sentimental trama) se aman, una simple musiquita atravesaría ese espacio de intercambio mudo donde hay palabras que no se dicen. Y yo esperaba que la música saliera de las paredes, de la chimenea, del calefón, del balcón, del sillón de cuero sintético pero ni siquiera de los parlantes salía ninguna linda musiquita que viniera a relevar el silencio que rápidamente iba cobrando unas dimensiones descomunales de círculos cerrados. Pensé que me había vuelto sorda. Pensé que algo de la acústica del lugar no estaba funcionando bien. Pensé que eso era un sueño y no realidad. Pura imaginación atrofiada. Pero no. Esa era la realidad y en la realidad hay silencios sin musiquita, la pregunta que entonces surgió (no verbalizada, sino meramente mental) era si podía existir el amor sin musiquita: ¿era eso amor? Pensé entonces que estaba absolutamente equivocada. Que eso no era amor. Que las películas de amor tenían absolutamente toda la razón y que para que el amor fuera cierto y certero y habitable y compartido, deberían haber estado las notas de musiquita colgando de las paredes en vez de los tristes espejos y cuadros que contemplaba. A secas. A secas lo miré y vi que no era un personaje, que no era un escenario, que tampoco había ningún guión y que ese no era el amor de mi vida ni siquiera era el amor de ese momento de mi vida. Era un hombre más que podría ser (o haber sido) el amor de mi vida. Un hombre que trabajaba como cualquier otro cristiano, que se alimentaba, dormía, despertaba, escuchaba la radio, leía el diario, como cualquier ser humano viviente. Un hombre de lo más común rasguñando la treintena, medio arrugado, medio bajo, medio panzón. Y yo era otro medio, pero por alguna razón, en ese momento y, casi en cualquier otro en los que haya términos humanos en cuestión, medio y medio no son uno. Algo de todo lo que estaba pensando encajaba armoniosamente con ese silencio. Si la musiquita apareciera… si la musiquita. Entonces, como repentina iluminación, me di cuenta de que estaba a mi alcance, agarré mi bolso y las llaves, no dije nada, me di vuelta y me enchufé los auriculares. Paul, John, George y Ringo empezaron a cantar y yo empecé a caminar. No a caminar como una simple mortal, empecé a caminar como lo haría una acróbata del Cirque du Soleil, como lo haría el personaje de cualquier cuento de frutillas imperecederas.
martes, 2 de junio de 2009
Sonambulismo equino.
alguien aprieta la cincha
por debajo de mi piel pelada
de tanto ajuste quiero decirle
que no estoy para estos trotes
se forman arrugas y ni el apunte
me alcanza tu apunte
el que no me llevas
de paseo en calesita
arriba del caballito de plástico
sueño que soy jinete
que no juguete que no vieja yegua
resignada al capricho de la fusta ajena
que sueño de puro cielo
abierto sin venas ni vainas
ni riendas que sueño
de puro acomode en las espuelas
no corcoveo ni siquiera
caballito desbocado
manso paso que se repliega
en sí misma do
me tiro en mi propia patada
de potrillo testarudo en la memoria
me tiro por donde ya no vuelvo
al galope los cascos repetidos
alguien aprieta la cincha
una tres cinco veces
la cabeza gacha y me miran
igual los dientes
el bozal puesto
sueño sin carreta ni sulky
que soy corcel y no próxima mortadela
entre el resto de los fiambres
que el corralito de mi pequeño pony
está bien cerca que cierro
los ojos de sueño
de l paso cierro al sueño la tranquera
por debajo de mi piel pelada
de tanto ajuste quiero decirle
que no estoy para estos trotes
se forman arrugas y ni el apunte
me alcanza tu apunte
el que no me llevas
de paseo en calesita
arriba del caballito de plástico
sueño que soy jinete
que no juguete que no vieja yegua
resignada al capricho de la fusta ajena
que sueño de puro cielo
abierto sin venas ni vainas
ni riendas que sueño
de puro acomode en las espuelas
no corcoveo ni siquiera
caballito desbocado
manso paso que se repliega
en sí misma do
me tiro en mi propia patada
de potrillo testarudo en la memoria
me tiro por donde ya no vuelvo
al galope los cascos repetidos
alguien aprieta la cincha
una tres cinco veces
la cabeza gacha y me miran
igual los dientes
el bozal puesto
sueño sin carreta ni sulky
que soy corcel y no próxima mortadela
entre el resto de los fiambres
que el corralito de mi pequeño pony
está bien cerca que cierro
los ojos de sueño
de l paso cierro al sueño la tranquera
miércoles, 13 de mayo de 2009
domingo, 3 de mayo de 2009
Cine retro
Tengo un mundo
que me habla de la aa la z, pero ni de la zni de la ahabla
de continentes
desabastecidos
de colores quebrados
mi pincel en la hoja
se retuerce “como un no sé qué
que me nosequea”
a tiempo y destiempo
con agujas oxidadas
Descompuesto,
el rojo carmesí,
inyectado en los ojos
del viejo lobo gris
condensa, en el país de las lilas,
un odioso amor hacia (casi) cualquier especie
de no me olvidestengo un mudo
mundo esperando el
avioncito de papel
al rescate
sobre la nuca,
un pinchazo: despierto
en el banco del colegio
y decir, nada pasó
el recreo está
por venir
que me habla de la aa la z, pero ni de la zni de la ahabla
de continentes
desabastecidos
de colores quebrados
mi pincel en la hoja
se retuerce “como un no sé qué
que me nosequea”
a tiempo y destiempo
con agujas oxidadas
Descompuesto,
el rojo carmesí,
inyectado en los ojos
del viejo lobo gris
condensa, en el país de las lilas,
un odioso amor hacia (casi) cualquier especie
de no me olvidestengo un mudo
mundo esperando el
avioncito de papel
al rescate
sobre la nuca,
un pinchazo: despierto
en el banco del colegio
y decir, nada pasó
el recreo está
por venir
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