1.
La mujer barre la vereda. Cae la tarde, el calor, la polvareda. Se para
un momento y mira pasar una chica en bicicleta. El ruido de los pedales y la
cadena como que aullando. La bici y el
chirrido desaparecen al doblar la esquina. Sigue barriendo. Barrer es su tarea.
¿Qué barre? Lo barre todo hasta el recuerdo.
2.
La mucama entra a la casa y abre los postigos pintados de verde. Ahora
que el calor ha pasado, que entre un poco de aire, se ventilen las cortinas, los
portarretratos de los muertos, la biblioteca de barniz descascarado. Que el
aire le entre a los sillones de mimbre y de ratán, a la colección de escopetas oxidadas
que cuelgan de la pared. Le sople vida al arrullo de la siesta que se esconde
oscura en los rincones de baldosas frías. De baldosas de pura sombra donde un
perro gris duerme.
3.
Los hombres en el muelle tiran sus redes. De la isla vienen las balsas
con vacas que mugen al río. A los peces. A los camalotes. Al silbido de los
juncos. Levantan su cabeza dura como el plomo. Las vacas. Los hombres no
charlan. Tiran de las redes, de los hilos de nylon entrelazados. Pescan
dientudos, dorados, bogas, palometas. Respiran la tarde. A veces se miran, se
fuman pero sobre todo se están. Se dejan estar en el vaivén de la corriente.
