A la foca maravillosa
Y ojalá pueda obligarme a ser un cazador de lo bello y que nunca se me escape nada | Thoreau
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domingo, 22 de febrero de 2015
martes, 25 de noviembre de 2014
jueves, 30 de octubre de 2014
lunes, 21 de octubre de 2013
lunes, 19 de agosto de 2013
Los puff
Hay meses donde vivo amarrándome a los objetos. Me prendo de la tasa de café, de la silla, del colectivo, de la
bici, del abrigo, de los anteojos como si en ese acto se me fuera la vida. Como
si hubiese huracanes invisibles alrededor, fantasmas de un mundo subrepticio
arrastrándose entre los rincones, detrás de las puertas, en los pasillos,
debajo de la cama, listos para tragarse la tácita fidelidad de los objetos
cotidianos.
La gente alrededor mío no entiende o no alcanza
a entender mis manías. En los tiempos difíciles, monto guardias de día y de
noche para supervisar que todo esté en su lugar, que nada esté fuera de mis
radares. Claro, en esas épocas termino exhausta.
El médico dijo que intente describirle cómo son
esas fuerzas. El muy idiota cree que estoy loca. No sé da cuenta que todo lo
que viene también se va pero yo me quedo. Así que con la ayuda de algunos
trucos que he ido descubriendo, me las apaño para seguir adelante.
Cuando el pico de mi obsesión pasa y el pánico
desciende algunos puntos, dejo de dar cuerda al reloj y puedo acostarme en mi
gran cama con un gran libro segura de estar conjurando un hechizo infalible
contra todos los vandalismos pretéritos y futuros. Hay un perímetro exactamente
delimitado que los puff –como últimamente
se me ha dado en llamar a estas fuerzas– conocen y no se atreverían a invadir.
Ahí, en esos momentos, es cuando aparece lo blanco y puedo estar segura de que
el tiempo es hoy.
domingo, 7 de julio de 2013
Luz mala
Ayer a la noche Hortensia se levantó con electricidad en las piernas y en las manos. Y un punto amarillo, fosforescente, en el medio de la panza. Poco más de 3 centímetros de diámetro. Se prendía y se apagaba. Convencida de que se había tragado una luciérnaga desdichada en algún bostezo alfa, no pudo más que pensar que se trataba de un mal augurio.
domingo, 3 de marzo de 2013
Lirón despierta
De la sombra a la luz
De lo dormido a lo despierto
El lirón hiberna,
evapora su tiempo crudo
hasta la llegada de los añorados días largos del verano,
del insolente sol quemando
los pelospiel
tirando hacia fuera de la
cueva
Un té
maravilloso
lo
espera. A las 12 en punto
cuando el
hechizo se rompa
y del
sueño despierte.
Abra sus
ojos:
empiece
el día que a veces es la noche
o la
noche que a veces es el día
El sol La luna
luz-brújula
arriba,
el cielo.
Lirón
durmiente
sale del sueño
entra a los mundos:
del derecho y del revés
Atravesar el espejo
es la aventura.
sábado, 23 de febrero de 2013
domingo, 30 de septiembre de 2012
Trivial
La hornalla de mil
margaritas enlatadas
se deshoja de repente,
y los pétalos azules,
desaparecen como por
arte de magia
en esta cocina domesticada.
lunes, 10 de octubre de 2011
domingo, 27 de febrero de 2011
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Memorias del elefante azul en el disco de petri
1.
Un elefante azul se balancea sobre la telaraña. La luna está blanca y está arriba. Cuando me baño, desde la ventana, veo la luna y también, su reflejo en los ojos del elefante. A veces, siento frío.
2.
El elefante mira la luna, complacido en su intimidad, como si la conociera, como si le hablara de vez en cuando. Señala con su trompa los asteroides caídos y guarda en la memoria el espacio a evitar. Nadie quiere accidentes y el elefante ama a sus crías aunque no las tenga.
3.
La araña se enreda, se pegotea. Está hecha para eso, su tejido de seda morado. Quiere un elefante y también quiere una presa. Quiere hipnotizar su presa pero no quiere perder la trama.
4.
La hipnosis es sueño acromático donde me encargo de pulir mis bordes. Esculpo figuras mitológicas para no sentirme sola. Una colección de centauros, unicornios, grifos e hipocampos hamacándose en las esquinas de mi silencio.
5.
Ahí, justo donde empiezan las puntillas del silencio, las estatuas se congelan. Ahí, no hay monedas que alienten el movimiento. Ahí, sólo hay poses (aunque dependiendo del ánimo y del ojo, puedan verse muy tiernas).
6.
No tallo ningún caballito de Troya. No soy buena para ganar guerras. Y últimamente, ni siquiera soy buena para hacerlas. No hay combate en mi pampa gris oscura, hay temblor debajo de la tierra. Hay temor en la tierra.
7.
Te haré ver el miedo en un puñado de polvo. T. S. Eliot. "-Lo veo, mi capitán, lo veo", le digo.
8.
Algunas tardes, hay tormentas de polvo y sequía. Grietas y gritos donde se cuelan frases rotas de poesía como santarritas silvestres. Voces que resuenan en los pliegues y telas, como ecos extraviados por algún viajero abstraído.
9.
Me tiro un rato en la telaraña, a la sombra de la siesta. A mis costados, el río y sus nombres me vaivenean: dice Paraná, dice Uruguay, dice de la Plata. Puedo cerrar los ojos en el agua dulce, el agua amarronada, el aguaverde, el aguaviva. No hay sal, ni mar muerto en esta isla, hay algo así como un rumor que me viene en la corriente.
10.
Me gusta irme cuando escribo como si acaso no estuviera. No atenerme a ninguna base fija. A ninguna lógica en principio, por principios. Aunque después vuelva para encontrarle la forma a lo que digo. Tallarlo como animal fantástico, como si de amansar a una bestia se tratara.
11.
En el pueblo había domas, de potros negros, de animales sin bozal y sin espuelas. Nunca me gustaron las domas aunque a veces me gustara andar a caballo.
12.
Al llegar la madrugada, el elefante azul toca una musiquita destilada con sus colmillos de marfil blanco, para velar el sueño de las estatuas y su reposo. Tilin tilín tilín para que no despierten.
13.
No hay orfeos ni liras por estos lugares. Sólo existen sus reminiscencias: sonidos huérfanos que se ahogan en la tibieza del río, como corderos degollados naufragando en una red de camalotes.
14.
Mis sueños no son paz. Desconozco la paz, como ciudad próxima a este territorio. En cambio, algo más cerca, puedo hablar de la serena tranquilidad y de la península calma, estados que tanto deseo como temo. Y es bastante sencilla la paradoja ha decir verdad.
15.
Como Rilke, temo que al expulsar mis demonios me abandonen también mis ángeles. Apuro una sonrisa para aplacar los disturbios en mi barrio cosmopolita y sostengo en mis manos, un matrimonio exquisito entre el cielo y el infierno.
M. C. Escher - Cielo e Infierno.
16.
Le temo a la paz porque la desconozco, porque la confundo [con otros estados, con otras emociones, como el tedio o el aburrimiento]. Le temo también por los tintes de mi temperamento. Cierta errata algo notoria. Un fuego calmo. Un fuego que no arda en la orilla.
17.
Las llagas me abren al puerto, que a veces es el mundo. Veo y huelo a través de mis llagas. Percibo a través de mis llagas.
18.
Cuando me canso, aíslo. Cultivo mis células en un disco de petri pulcro, limpio, transparente. Mis virus separados de todo color, conservan cada cual su forma. La selección es ciega y es natural. Vive lo que queda. En la memoria de mi elefante.
19.
El elefante azul es el soberano de mis tierras oníricas. Desde su selva circular, vigila el gramófono y los discos para que ninguno se ralle.
20.
A la noche antes de apagar la luz, le beso el cráneo frío como perla cultivada. Le hablo y le pido que me proteja, azul, en mis sueños.
jueves, 7 de agosto de 2008
Abrete Sésamo
Algunos piensan que
la magia es primitiva
las supersticiones,
las intuiciones,
los encantamientos
en mi caso, no aspiro
a otra cosa más que
volverme un simio
si de eso se tratara.
la magia es primitiva
las supersticiones,
las intuiciones,
los encantamientos
en mi caso, no aspiro
a otra cosa más que
volverme un simio
si de eso se tratara.
martes, 24 de junio de 2008
La herencia de Karl
Bajaste del colectivo
te esperaba puntual
luego de una vida
de no vernos
pregunté: “-¿tu vida?”
“-Tonta” me dijiste
casi no replico
atónita insistí
(siempre insisto
en el error, demasiado
Popper)
“-la vida es tonta”
bajaste la mirada
y, en ese momento,
te convertiste,
como por acto de magia
de dudoso origen,
en todos los n(o-h)ombres
de mi vida
(tonta)
supe que el colectivo
no había llegado,
que ningún freno había
alterado la luz del semáforo
de la esquina
no era un alivio saber
que esa noche el mundo
(también) estaba solo.
te esperaba puntual
luego de una vida
de no vernos
pregunté: “-¿tu vida?”
“-Tonta” me dijiste
casi no replico
atónita insistí
(siempre insisto
en el error, demasiado
Popper)
“-la vida es tonta”
bajaste la mirada
y, en ese momento,
te convertiste,
como por acto de magia
de dudoso origen,
en todos los n(o-h)ombres
de mi vida
(tonta)
supe que el colectivo
no había llegado,
que ningún freno había
alterado la luz del semáforo
de la esquina
no era un alivio saber
que esa noche el mundo
(también) estaba solo.
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