domingo, 7 de octubre de 2012

Al don Pirulero

Sostengo un corazón de piedra africana
sobre la palma de la mano.

(otros tantos corazones de piedra
dando tumbos en el corazón)

Improviso una payana
y hago equilibrio entre mis débiles espasmos motrices:
en eso consiste el juego
después de todo.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Trivial


La hornalla de mil margaritas enlatadas
se deshoja de repente, y los pétalos azules,
desaparecen como por arte de magia
en esta cocina domesticada.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Cardumen


Este es el peso del hombre:
un cardumen doméstico
puntos rojos y blancos
una guerra sin penicilina
un alfabeto que termina en humo.

Hay algunos hombres buenos
un beat en cada pata
un escarabajo dorado
prendido en el pecho

despega al costado del verano
de las chicharras
habla de paz y amor
en un idioma raro
como ecos de una década indigesta
perdida entre intestinos kilométricos.

Ahora los paladares están oxidados
de cinismo y de humo y de drogas de diseño
cibernético, pop, alternativo, electro…

Un cardumen domesticado
que no muerde pero tampoco ladra.

A veces un escarabajo despega entre el cardumen
a veces el cardumen aplaude y revoluciona
la playita, la arena del tiempo
corre hacia atrás
hacia delante
disparatada

Ese escarabajo vuelve su espalda al océano
se olvida que fue pez o canto de chicharra o arena
tiembla en el aire
y estira las redes del cardumen al infinito.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Un rábano en el mundo flotante

Flota el tiempo en las aguas de marzo
una raíz, un alga, una isla, nube pasajera.

El rojo despierta ahí
en el centro amarillo:
una nuez de Adán,
una boquita pintada,
un amor o rabano
que nunca a nadie importa
es protagonista
raíz de sangre roja, fotosintética,
abre paso: cuenta su historia.

martes, 16 de agosto de 2011

domingo, 14 de agosto de 2011

El pájaro en la camiseta



1.
Parpadeo. Una, dos y hasta tres veces. En el pasto, las hormigas molestan el calor de la piel al sol en este invierno. Un viento sureño sacude las ramas, caen hojas de los robles amarillos.


2.
Llevo mi amuleto de cantos de cisnes sobre el pecho. Un pájaro gris se sacude dentro de mi remera de algodón blanco. Deja caer unas gotas de tinta china sobre los pezones agrietados, sacude las plumas, se mueve lento, sin prisa e inclina su pico sobre mi ombligo.


3.
Escarba mis memorias, mis gusanos y mis mariposas, mientras abre su pico y articula una canción desafortunada. No hay revolución en estos pagos, hay piel y plumas erizadas, hay un no sé qué que me nosequea: cinco siglos igual.


4.
Entretanto yo corro y me veo corriendo. Desparramo energía cinética en el ripio ondulado. Cruzo camiones repletos de cereales, cruzo jinetes y caballos y autos de turismo. Participo en maratones diarias en las que no hay ningún premio, ni fin ni principio.


5.
Siento mi pulso acelerado y la fuerza de los músculos al desplazarse de aquí a allá de allá a aquí sin más propósito que el mantenerme pronta, alerta, lista para el salto. El salto silencioso hacia el vacío que nunca llega.


6.
El pájaro dentro de mi camiseta hace equilibrio en el pecho abierto, mientras el algodón transpira una libertad tan inútil como inmaculada.


7.
Parpadeo. Una, dos y tres veces. Cierro los ojos. Un payaso triste ríe en el fondo de la pupila dilatada Alguien dijo que el placer se paga con sangre. El payaso sigue riendo, esquizofrénicamente.


8.
Veo ese payaso en casi todos los ojos que conozco. A veces pierde la peluca, y otras lo encuentro más parecido a un mimo o a un contorsionista, pero todos los ojos tienen algo de espectáculo circense. Será por eso que la gente suele decir que los payasos tienen algo de tenebroso. De siniestro cinismo ocultándose en la sombra de las pestañas.


9.
No me oculto de mi sombra. Me zambulló, enhebro el hilo en la aguja, y voy puntada a puntada cociendo mis demonios. Por momentos, pruebo su elasticidad, su sostén puntiagudo sobre mi espalda. Mis pequeñas bestias negras me hamacan al más allá al más acá.

10.
Más allá del más acá, me aferro a la tierra húmeda. Penetro en el silencio que deja al pasar la muñequita vestida de azul, arranco pastos y yuyos invisibles desde su raíz. Escucho rumores, susurros de voces ancestrales. Invento una energía que no estoy nunca segura de que exista. Invento cuerpos a los que adorar en la noche y en el día.


11.
Dejo que los cisnes recorran el perímetro exacto de mi amargura. Un concierto de cuerdas tensas, de alas abiertas, anuncian su despegue y su caída, su destrucción y su creación.


12.
Furioso antifaz, sobre el rostro desplumado, cae en mil pedazos el espejo mágico de cualquier infancia.


13.
Sigo en el pasto, de cara al sol. Ojos cerrados. El pecho se levanta y se oculta. Respiración lenta. Un pájaro dentro de la camiseta recuerda cantos ajenos. Hace equilibrio entre ángeles y demonios de alas abiertas.


14.
A lo lejos el litoral también habla y atropella en el canto de los teros. Me devuelve a mi lugar acuchillado por lomadas verdes y marrones. A lo lejos, se escucha el temor de los teros, la defensa de sus nidos.


15.
Yo me distiendo y me contraigo sin ningún nido cerca. Me gustaría tener algún nido, algo que defender, algo por lo que cantar, gritar y chillar de cuando en cuando.


16.
Cierro los ojos y los payasos, los teros, los cisnes y todos los pájaros desaparecen. Sólo queda el dibujo de una jaula vacía en una cara del redondel de papel. En la otra, el papel está blanquísimo, hasta casi transparente. No hay otro pájaro, como en la película de Sleepy Hollow. No hay ilusión óptica.


17.
Cierro los ojos. Floto en el tiempo. Dirijo una orquesta y levanto mis brazos como si estuviera a punto de despegar los pies de la tierra. Floto fuera de aquí y de allá. Tal pareciera ser la meta.

lunes, 13 de junio de 2011

Matriz

1.

Las niñas infértiles
bailan
en el fuego.

2.

Los pies caen
suaves
sobre las brasas:
latidos vírgenes dando vueltas
de carnero
sobre la tierra.

3.

Cruzan el aire
de la esquina
de la calle como si supieran
cruzar un río de espantapájaros
sin siquiera abismarse.

4.

Llevan alas
de púrpura purpurina
acariciando
los sueños vencidos
de cada madre.

5.

Tartamudean un yo incipiente
que tropieza como eco
esquivo
ante el infinito
vuelo encaramado
de las mariposas.

6.

Flotan entre los relojes
apagados con luces en las zapatillas
y cordones desatados.

7.

Alguien les enseña a caminar
y quieren ya correr.

8.

Desde algún ángulo obtuso
mi vientre
eclipsado
las mira.

jueves, 2 de junio de 2011

Elephant

Tengo mi torre
conquistada desde hace mucho
y, todavía me duele el marfil
de tus colmillos
en las manos del teclado.

sábado, 9 de abril de 2011

Pirómana

Inauguré una pequeña fiesta íntima
hoy por la tarde.
Mientras esperaba que el ritual se imponga
sobre la mesa patas arriba
bajé las persianas y golpeteé
con ritmo canino los tambores.
En mi fiesta no había globos ni maracas ni matracas.
Había, en cambio, un fanal color naranja incandescente
y una discreta vela incorporada.
No había un centro de la fiesta
ni un afuera. Es más, hasta podría decir que nunca existió tal fiesta.

Inauguré un incipiente crematorio de ideas,
hoy por la tarde.
Les puse una moneda sobre los ojos,
tal como a vos te hubiese gustado.
Se te veía bien en el fuego
caliente. Podía sentir tu olor
de carne al rojo vivo y pelo rostizado,
la digestión del semen acuoso entre las llamitas azuladas.
Tiré otro par de recuerdos con más monedas,
monedas de cobre y de plata.
Quería decir algo, el momento parecía exigir que diga algo,
pero nada salió de mi boca retorcida, de mi lengua media anestisiada y retardada. Esperé. Creí que valía la pena esperar
¿qué otra cosa podía hacer?
Era temprano, siempre es temprano para acabar
con lo que se quiere.
Miré hacia un lado y hacia otro,
como si tuviera a alguien a quien engañar
son hábitos que conservo hasta estando sola.
Disimulo para unos cuantos ojos
que tengo en mi nuca.
Tiré esos ojos también.
Les puse un par de monedas y antes de soplar,
me froté las manos un rato
mientras me acordaba de mis deseos,
los tiré encima -sin monedas
para no causar ambivalencia entre los rituales-.

Sentí mucha pena cuando me levanté
para abrir la ventana. La vela se apagó sola.
Yo me quedé de negro,
pensando en si todo eso sería real
en su eficacia.
Después sentí miedo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

El mundo abajo

Nunca te conté lo mucho que me gustan las tormentas. No te conté muchas cosas pero esa, creo, es algo memorable. El gusto por las tormentas. Capaz que si te lo hubiese contado ahora te estarías acordando de mi primera persona del singular. Capaz. Al menos, podría pensar que capaz, con la excusa de la tormenta interviniendo a mi favor, te estarías acordando. Yo me acuerdo de vos, sin necesitar la mediación de ninguna excusa. Así de simple. No es que sea una elección libre. No lo es. El filtro mental está agujerado, eso sí es. Todo se ha vuelto muy explícito en mi cabeza y ninguna idea se ruboriza al colarse sin golpear la puerta. Simbólica puerta, claro está.

martes, 8 de marzo de 2011