lunes, 10 de marzo de 2014

Extravío

Hoy Pablo golpeó la puerta del baño. La golpeó tres veces, las conté. Primero, una y un “mamá”. Luego dos y un repiqueteo de los nudillos acelerando el ritmo, como levantando temperatura. Y tres, y dijo: “Vamos, mamá. Hace media hora que estás adentro". Y luego, que "estoy preocupado". 
Entró sin más, sin esperar o esperando poco o esperando demasiado. Todo depende desde donde se lo vea. Yo seguí sentada en el inodoro. En la misma posición. Sin mover un músculo. De frente al espejo. Un espejo que insistía en mostrar una cara demasiado actual, ríspida, avejentada, nerviosa. Eso sí, desde donde se la mirara.
“No recuerdo mi cara”, le dije. No recuerdo cómo era mi cara.
“La estuve examinando cuidadosamente, por acá, por allá y no, no la recuerdo. Cómo eran mis ojos, mis pestañas, mi boca, mis dientes, mi nariz. Estoy segura de que yo no era así. Que yo era otra, que tenía otra mirada, otra forma en las cejas, otras orejas, otra presión en los labios”.
“Antes, ¿cuándo?”, pregunta como si importara.
“Antes”, respondo. 
“Antes, hace veinte años, treinta años, cuarenta años: antes”.
“Claro mamá, claro que tenías otra cara”. Me dice así, dando una palmadita en los hombros y queriendo encontrar los ojos. Mis ojos. Estos que son ahora pero que no eran antes de la misma forma.
“Pero no la recuerdo”, insisto. 
“Me toco, me estiro la piel frente al espejo, aprieto los labios, abro los ojos lo más que puedo y no me acuerdo. No me encuentro. ¿De quién es esta cara? No puede ser mía”.
“La tuya mamá”, asegura. La mía. Mi cara.
“Voy a traer fotos”, dice. Y yo oigo su voz apresurada, intranquila, como cuando se le perdía uno de sus playmobiles y revolvía todo el cuarto buscándolo. Chiquito. Chiquito tembloroso de mamá.
Anda, anda a buscar el playmobil, ya va aparecer Pablito, quiero decirle. Pero las palabras ya no salen por esta boca que no es mía.
“Acá mirá, esta sos vos. Vos a los seis, a los quince, acá estás con papá, acá cuando me recibí...” y va pasando foto tras foto. Recuerdos en los que apenas me reconozco. Y si soy yo, quién es esta.
No quiero ver esas fotos, esas fotos que no me dicen nada de mí. Quiero que las deje en paz y vaya a buscar su playmobil. Sólo, sólo quiero verme a mí. Es injusto. Era yo después de todo. Era una parte mía. Me pertenecía. Es como si alguien se llevara algo muy tuyo fuera de vos y ya, ya no lo tuviera más, ¿entendés? Algo muy tuyo y que no lo tuvieras más. Para qué quiero una foto. Me quiero a mí. Me quiero ver a mí ahora pero no a la de ahora. A todas mis “mis”.
Anda, anda buscar tu playmobil Pablito, buscalo por favor. No quiero fotos. Nada de fotos. Sólo trae el playmobil.
Pero las palabras se resisten dentro del paladar. Como clavadas entre la campanilla y la lengua, que ya no se estira. Que no se desenrolla. Que no responde.  

martes, 25 de febrero de 2014

Migración en Nomandolandia*



Corre el viento
mil hojas encendidas,
se abren en la alcantarilla.


*Dícese de la región poblada por individuos nómadas, en donde nadie nunca manda nada.

miércoles, 5 de febrero de 2014

viernes, 31 de enero de 2014

sábado, 14 de diciembre de 2013

Intensidad

Hacerlo todo
como si en todo
se nos fuera la vida.
La vida se va
la vida se queda
la vida es ¿indecisa?

martes, 3 de diciembre de 2013

Aguadoaire

Me gustaría estar
en un lugar preciso.
Siento que floto.
Dije: “-que floto”,
no que vuelo.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Gesto

A veces me ato
una pequeña piedra
al tobillo.

A veces, cuando tengo miedo
de volarme. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

La invención del principio

Colgar los botines
para empezar otra vez
descalza
desde el hueco
de mi arco,
respiro clorofila.

lunes, 14 de octubre de 2013

lunes, 19 de agosto de 2013

Los puff

Hay meses donde vivo amarrándome a los objetos. Me prendo de la tasa de café, de la silla, del colectivo, de la bici, del abrigo, de los anteojos como si en ese acto se me fuera la vida. Como si hubiese huracanes invisibles alrededor, fantasmas de un mundo subrepticio arrastrándose entre los rincones, detrás de las puertas, en los pasillos, debajo de la cama, listos para tragarse la tácita fidelidad de los objetos cotidianos.
La gente alrededor mío no entiende o no alcanza a entender mis manías. En los tiempos difíciles, monto guardias de día y de noche para supervisar que todo esté en su lugar, que nada esté fuera de mis radares. Claro, en esas épocas termino exhausta.
El médico dijo que intente describirle cómo son esas fuerzas. El muy idiota cree que estoy loca. No sé da cuenta que todo lo que viene también se va pero yo me quedo. Así que con la ayuda de algunos trucos que he ido descubriendo, me las apaño para seguir adelante.
Cuando el pico de mi obsesión pasa y el pánico desciende algunos puntos, dejo de dar cuerda al reloj y puedo acostarme en mi gran cama con un gran libro segura de estar conjurando un hechizo infalible contra todos los vandalismos pretéritos y futuros. Hay un perímetro exactamente delimitado que los puff –como últimamente se me ha dado en llamar a estas fuerzas– conocen y no se atreverían a invadir. Ahí, en esos momentos, es cuando aparece lo blanco y puedo estar segura de que el tiempo es hoy. 

domingo, 7 de julio de 2013

Luz mala


Ayer a la noche Hortensia se levantó con electricidad en las piernas y en las manos. Y un punto amarillo, fosforescente, en el medio de la panza. Poco más de 3 centímetros de diámetro. Se prendía y se apagaba. Convencida de que se había tragado una luciérnaga desdichada en algún bostezo alfa, no pudo más que pensar que se trataba de un mal augurio. 

lunes, 10 de junio de 2013

Hortensias



Cuando miro una escena me parece que descubro un recuerdo que ha tenido una mujer en un momento importante de su vida; es algo así -perdonen la manera de decirlo- como si le abriera una rendija en la cabeza. 

Felisberto Hernández

domingo, 26 de mayo de 2013

El capo del barrio


"-¿Entendido? Máxima alerta. Cualquier cosa sos de piedra, ni viste, ni escuchaste nada."