viernes, 8 de noviembre de 2013

Gesto

A veces me ato
una pequeña piedra
al tobillo.

A veces, cuando tengo miedo
de volarme. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

La invención del principio

Colgar los botines
para empezar otra vez
descalza
desde el hueco
de mi arco,
respiro clorofila.

lunes, 14 de octubre de 2013

lunes, 19 de agosto de 2013

Los puff

Hay meses donde vivo amarrándome a los objetos. Me prendo de la tasa de café, de la silla, del colectivo, de la bici, del abrigo, de los anteojos como si en ese acto se me fuera la vida. Como si hubiese huracanes invisibles alrededor, fantasmas de un mundo subrepticio arrastrándose entre los rincones, detrás de las puertas, en los pasillos, debajo de la cama, listos para tragarse la tácita fidelidad de los objetos cotidianos.
La gente alrededor mío no entiende o no alcanza a entender mis manías. En los tiempos difíciles, monto guardias de día y de noche para supervisar que todo esté en su lugar, que nada esté fuera de mis radares. Claro, en esas épocas termino exhausta.
El médico dijo que intente describirle cómo son esas fuerzas. El muy idiota cree que estoy loca. No sé da cuenta que todo lo que viene también se va pero yo me quedo. Así que con la ayuda de algunos trucos que he ido descubriendo, me las apaño para seguir adelante.
Cuando el pico de mi obsesión pasa y el pánico desciende algunos puntos, dejo de dar cuerda al reloj y puedo acostarme en mi gran cama con un gran libro segura de estar conjurando un hechizo infalible contra todos los vandalismos pretéritos y futuros. Hay un perímetro exactamente delimitado que los puff –como últimamente se me ha dado en llamar a estas fuerzas– conocen y no se atreverían a invadir. Ahí, en esos momentos, es cuando aparece lo blanco y puedo estar segura de que el tiempo es hoy

domingo, 7 de julio de 2013

Luz mala


Ayer a la noche Hortensia se levantó con electricidad en las piernas y en las manos. Y un punto amarillo, fosforescente, en el medio de la panza. Poco más de 3 centímetros de diámetro. Se prendía y se apagaba. Convencida de que se había tragado una luciérnaga desdichada en algún bostezo alfa, no pudo más que pensar que se trataba de un mal augurio. 

lunes, 10 de junio de 2013

Hortensias



Cuando miro una escena me parece que descubro un recuerdo que ha tenido una mujer en un momento importante de su vida; es algo así -perdonen la manera de decirlo- como si le abriera una rendija en la cabeza. 

Felisberto Hernández

domingo, 26 de mayo de 2013

El capo del barrio


"-¿Entendido? Máxima alerta. Cualquier cosa sos de piedra, ni viste, ni escuchaste nada."

lunes, 13 de mayo de 2013

Coreografía congelada


Sus cuerpos eran blancos
de sal, casi transparente

sus figuras frías, 
de piedra áspera, casi de mármol

simulaban hacer el amor
cuando no hacían más
ni menos
que puro teatro

desnudas,
encandiladas en un desierto de cara al sol
no podían saberlo.

domingo, 5 de mayo de 2013

La última hormiga



For sir bacon






Y trepada a una luna azul
















blanca
casi transparente 







la última hormiga
contemplaba el fin del mundo 
vespertino, 
un día cualquiera.

domingo, 28 de abril de 2013

Mundos paralelos





Trepa la luna,
la hormiga,
paso-a-paso
construye su horizonte.















Sobre blanco y sobre negro,
aunque el tejido sea el mismo,
muestra más-caras distintas. 

miércoles, 17 de abril de 2013

Odas de mayo


Esperé toda la tarde,
ese martes frío de mayo.
Tenía una campera gris y un cigarrillo
ocupando la mano.

Estaba sentada en una cubierta
a medias deshilachada
Tenía una cámara y un cuaderno,
lista para enmascarar el fracaso cotidiano:

El paisaje humalo que se repite a sí mismo,
como si en la pegajosa ilusión acústica
del propio eco 
se pudiera desenterrar alguna fósil-respuesta

<<las mismas calles, los mismos barrios, las mismas casas>>*

Esperé que algo,
por una vez, algo
pasara.

Faltó el punto, la musiquita, la palabra...
Aunque yo tenía miles envueltas en papel de diario
en papel celofán, en papel crepé:
ninguna era de nadie.

Así y todo, quedaba rezagado
ahí llegando, ese capricho moderno
que alguien me había vendido
y que yo -faltaba más- había comprado.

Así y todo, quedaban todavía mis derechos
de <<consumidor final>>**,
de último eslabón
de la cadena alimentaria.

Quedaban, mis ganas
de chillar hasta el hartazgo:
¡Aquí estoy yo, tengo un nombre, una piel, un deseo!
<<¡quiero una oportunidad, un destino para mí exclusivamente!>>***,

Vi mi sombra tan cautiva como mis pies
llevándola a cuestas,
a la rastra, se lleva a la sombra brava
a veces más sísífa, otras más gollumiana.

¡Aquí estoy yo, tengo un nombre, una piel, un deseo!
Yo, aquí.
Esa predilección absurda por precipitarme hacia lo irrevocable,
¿de dónde vendrá?

Pasó la tarde,
sin chistar siquiera.

Por fin, el sol se puso
y la sombra se transformó en noche
y el silencio se transformó en una parva
de ladridos bien domésticos, 
bien silvestres

En medio de la oscuridad
un escarabajo se acomodó en mi rodilla
Miré su manso temblor
y al cabo de un rato,
como para darnos un poco de ánimo,
le dije:
Gregor, seremos dos
chillando la noche entera
hasta que alguien nos abra la puerta,
hasta que el sol salga
y nos tome por sorpresa
nos tome, al menos, como un minúsculo punto
de irreferencia.


Notas.
*Cavafis La Ciudad
** Mairal Consumidor Final
*** Giannuzzi Ensayo de lamento individual