Y ojalá pueda obligarme a ser un cazador de lo bello y que nunca se me escape nada | Thoreau
lunes, 21 de octubre de 2013
lunes, 14 de octubre de 2013
lunes, 19 de agosto de 2013
Los puff
Hay meses donde vivo amarrándome a los objetos. Me prendo de la tasa de café, de la silla, del colectivo, de la
bici, del abrigo, de los anteojos como si en ese acto se me fuera la vida. Como
si hubiese huracanes invisibles alrededor, fantasmas de un mundo subrepticio
arrastrándose entre los rincones, detrás de las puertas, en los pasillos,
debajo de la cama, listos para tragarse la tácita fidelidad de los objetos
cotidianos.
La gente alrededor mío no entiende o no alcanza
a entender mis manías. En los tiempos difíciles, monto guardias de día y de
noche para supervisar que todo esté en su lugar, que nada esté fuera de mis
radares. Claro, en esas épocas termino exhausta.
El médico dijo que intente describirle cómo son
esas fuerzas. El muy idiota cree que estoy loca. No sé da cuenta que todo lo
que viene también se va pero yo me quedo. Así que con la ayuda de algunos
trucos que he ido descubriendo, me las apaño para seguir adelante.
Cuando el pico de mi obsesión pasa y el pánico
desciende algunos puntos, dejo de dar cuerda al reloj y puedo acostarme en mi
gran cama con un gran libro segura de estar conjurando un hechizo infalible
contra todos los vandalismos pretéritos y futuros. Hay un perímetro exactamente
delimitado que los puff –como últimamente
se me ha dado en llamar a estas fuerzas– conocen y no se atreverían a invadir.
Ahí, en esos momentos, es cuando aparece lo blanco y puedo estar segura de que
el tiempo es hoy.
sábado, 20 de julio de 2013
domingo, 7 de julio de 2013
Luz mala
Ayer a la noche Hortensia se levantó con electricidad en las piernas y en las manos. Y un punto amarillo, fosforescente, en el medio de la panza. Poco más de 3 centímetros de diámetro. Se prendía y se apagaba. Convencida de que se había tragado una luciérnaga desdichada en algún bostezo alfa, no pudo más que pensar que se trataba de un mal augurio.
lunes, 10 de junio de 2013
Hortensias
Cuando miro una escena me parece que descubro un recuerdo que ha tenido una mujer en un momento importante de su vida; es algo así -perdonen la manera de decirlo- como si le abriera una rendija en la cabeza.
Felisberto Hernández
domingo, 26 de mayo de 2013
lunes, 13 de mayo de 2013
Coreografía congelada
Sus cuerpos eran
blancos
de sal, casi
transparente
sus figuras frías,
de piedra áspera, casi de mármol
simulaban hacer el
amor
cuando no hacían más
ni menos
que puro teatro
desnudas,
encandiladas en un
desierto de cara al sol
no podían saberlo.
domingo, 5 de mayo de 2013
La última hormiga
domingo, 28 de abril de 2013
Mundos paralelos
domingo, 21 de abril de 2013
miércoles, 17 de abril de 2013
Odas de mayo
Esperé toda la tarde,
ese martes frío de mayo.
Tenía una campera gris y un cigarrillo
ocupando la mano.
Estaba sentada en una cubierta
a medias deshilachada
Tenía una cámara y un cuaderno,
lista para enmascarar el fracaso cotidiano:
El paisaje humalo que se repite a sí mismo,
como si en la pegajosa ilusión acústica
del propio eco
se pudiera desenterrar alguna fósil-respuesta
<<las mismas calles, los mismos barrios, las mismas casas>>*
Esperé que algo,
por una vez, algo
pasara.
Faltó el punto, la musiquita, la palabra...
Aunque yo tenía miles envueltas en papel de diario
en papel celofán, en papel crepé:
ninguna era de nadie.
Así y todo, quedaba rezagado
ahí llegando, ese capricho moderno
que alguien me había vendido
y que yo -faltaba más- había comprado.
Así y todo, quedaban todavía mis derechos
de <<consumidor final>>**,
de último eslabón
de la cadena alimentaria.
Quedaban, mis ganas
de chillar hasta el hartazgo:
¡Aquí estoy yo, tengo un nombre, una piel, un deseo!
<<¡quiero una oportunidad, un destino para mí
exclusivamente!>>***,
Vi mi sombra tan cautiva como mis pies
llevándola a cuestas,
a la rastra, se lleva a la sombra brava
a veces más sísífa, otras más gollumiana.
¡Aquí estoy yo, tengo un nombre, una piel, un deseo!
Yo, aquí.
Esa predilección absurda por precipitarme hacia lo irrevocable,
¿de dónde vendrá?
Pasó la tarde,
sin chistar siquiera.
Por fin, el sol se puso
y la sombra se transformó en noche
y el silencio se transformó en una parva
de ladridos bien domésticos,
bien silvestres
En medio de la oscuridad
un escarabajo se acomodó en mi rodilla
Miré su manso temblor
y al cabo de un rato,
como para darnos un poco de ánimo,
le dije:
Gregor, seremos dos
chillando la noche entera
hasta que alguien nos abra la puerta,
hasta que el sol salga
y nos tome por sorpresa
nos tome, al menos, como un minúsculo punto
de irreferencia.
Notas.
*Cavafis La Ciudad
** Mairal Consumidor Final
*** Giannuzzi Ensayo de lamento individual
lunes, 8 de abril de 2013
domingo, 17 de marzo de 2013
(H)Ello SuperRené.
Apenas René cumplió los cinco años de edad sus
padres lo abandonaron y sintiéndose solo y desamparado, dejó su charco y retirose
a los esteros más desolados del litoral. Durante años allí vivió y pudo
contemplar el ascenso y el descenso del sol sobre la tierra. Purificose su
espíritu y transformose su corazón. Un día levantose de la siesta, y estirándose
cuan largo era sobre un camalote decidió ir en busca de otros charcos urbanos
más concurridos para comunicar lo que el cielo le había dicho.
Al llegar al pueblo y lograr un gran tumulto de
faunas domesticas y silvestres, SuperRené ascendió sobre una roca, y así les
habló:
Los insectos nuestros de cada día
están servidos sobre la biosfera.
Bienaventurados aquellos que
creen que el oro puede comprar la felicidad porque de ellos son los reinos del petróleo
y de las armas.
Bienaventurados aquellos que
creen que la especulación es el salvoconducto hacia la supervivencia porque de
ellos es el reino de las finanzas y, en consecuencia, de vuestra querida polis.
Bienaventurados aquellos que
creen que el amor consiste en una sonrisa porque de ellos es el reino de las
endorfinas.
SuperRené hizo una pausa, tomó aire y mirando
atentamente a su auditorio faunístico, continuó:
Bienaventurados aquellos que
buscan absolutos y no encuentran sino moscas porque de ellos es el reino de los
pantanos.
Bienaventurados aquellos que
creen que la vida real es puro cuento porque de ellos es el reino de cielos.
Los dados, neófitos míos, los
dados giran
de cara arriba: sol y oros
de cara abajo: seis espadas
y, en el medio, un dos de copas brindando
por la bendición de nuestra Reina Roja:
que-le-corten-la-cabeza
que le corten las picas, los diamantes, los tréboles y, por supuesto, el corazón
para qué un corazón que no
tiembla, un corazón que no galopa
quiero corazones contentos, pero
sobretodo quiero corazones taquicárdicos
Aquí una parte del público empezó a
escandalizarse, escépticos ante aquellas palabras rimbombantes. Otra parte del
grupo, permanecía perplejo, hipnotizado por todo lo críptico de aquel mensaje.
Discípulos míos la Rana René os
dice:
Salid de las sombras: espabilaos
el conejo blanco se ha echado a
correr
tic-tac tic-tac
tic-tac
y el destino tiene fecha de
vencimiento,
aunque la condena parezca eterna.
Algo huele a podrido en el
pantano
las luciérnagas furiosas sobre el
cielo azul
anticipan el temporal
o quizá sea que el temporal ya
esté aquí,
jean paul, quién sabe
quién puede estar seguro,
pero yo os digo
atentos a las manos negras que se
tienden sobre vosotros
sumiéndolos en un suave letargo
atentos a los anzuelos y sus
carnadas desabridas
nada peor que un corazón que no
sabe saltar y bailar
al compás del ritmosito bss bss
de las moscas
<< sentio
ergo sum>>
Esas fueron sus palabras. Al terminar de hablar
se inclinó sobre su público, recogió su exiguo equipaje y, según se dijo después, marchó hacia las
tierras del sur a predicar el mensaje que el cielo le había dado.
domingo, 10 de marzo de 2013
Nada nuevo bajo el sol
todo es vanidad
y correr tras el viento
Eclesiastés 1.14.
La mayor parte del género humano no tiene remedio: gallo se despierta y cerdo
sonriente se acuesta. Y poco tienen de malo estas mutaciones pedestres.
Lo malo está en lo puro de la especie Humala.
El cerdo que mezcla el maíz junto con la letra, la biblia y el calefón,
y te canta un tango ahí cerquita del puerto. Una cerveza, y todo liso y manso.
El río ya sucio le lava las manos: a qué calentar la pava, a qué rasgarse las vestiduras mamita linda, los críos ya verán… un tufillo por aquí, una remendadita por allá
y todo llano…
Lejos del puerto, un gallo te ceba mate sentado a la sombra de la cooperativa
y otro quiquiriquí se levanta, y vaya
uno a saber cómo gallito encrespado se sube al caballo. Cerdito se baja, desensilla
y se va derecho al almacén de don paladín. El vino contento lo espera para
calmar la sed y alguna que otra tristeza, que el que corre durante el día, quiere sentarse durante la siesta.
He escuchado que el humano conquista el espacio. Eso dice la gente
enterada. Clavan banderas y ponen satélites. Vamos a la luna Cohélet, pero otro
humano no tiene ni moneda para el pan de la mesa. Y sé que estas comparaciones
son sinsentido como sinsentido es lo Humalo. Se esmeran en la razoncita de por
aquí la de por allá, la de arriba de la panza y la de abajo, pero después al
meollo de la cuestión, que no que no, que nunca llegamos.
Es así, y la ciencia no dice mucho: “¿verdad que no?” “¿verdad que sí?” “¿verdad que no sabemos lo que está bien?” “¿y es que acaso podemos saberlo?” Y todos
los cerebros bullen Cohélet, tendrías que verlos bullir-bullir-bullir y, hasta
bullen de buena voluntad puedo dar fe de eso, y hacen preguntas y preguntas que
si vos las escucharas Cohélet te volverías a caer bien muerta en la tumba, si
es que te espera alguna tumba.
Nada nuevo bajo el sol, nada nuevo
Pero lo mejor de lo mejor mi querida, son los cerdos y gallos que van
bien suaves por la calle fumando su habano o su cigarrito en su mercedesvence, a discutir políticas de engaño y engaños de políticas. Los narquitos que
trafican almas y los cucuruchos que se mean encima de niños y mujeres. Esa es la crema
de nuestro humalobienhumalo porque decirle cerdo sería faltarle el respeto a
las pobres bestias.
Nada nuevo bajo el sol, Cohélet, nada nuevo
Del saco azul del policeman y del amante
se cae un pañuelito blanco de vez en cuando
se derraman algunas lágrimas
Oh! qué vergüenza qué infamia qué mundo pueril qué injusticia
pero el cerdo y el gallo se planchan fácil: un poquito de quiquiriquí
por acá, otro poquito de oink oink oink por allá y todos lisos y mansos… a qué
arruinarse Cohélet
(para mi siempre serás una mujer aunque
te prestes a hombre, qué importa!)
a qué correr tras el viento
mi querida
este abismarse en una grieta que siempre puede calar más hondo y, sin
embargo, ya ves,
seguimos acá, arañando paredes y pintándolas luego:
Nada nuevo bajo el sol
y el mismo desamparo
en la planta de los pies.
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