jueves, 12 de noviembre de 2020

Antología "Tiempo de contar" - Editorial UNC

Por acá pueden leer mi cuento "Hipertrofia" y todos los cuentos, crónicas y relatos que resultaron premiados y reconocidos por el jurado del Primer Concurso de Narrativas de la Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba.

Link para descarga gratuita de la antología de "Tiempo de Contar": 

https://editorial.unc.edu.ar/down.../tiempo-de-contar-ebook/.

Gracias a los organizadores, jurados y a la Universidad y Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba por la iniciativa!!




domingo, 18 de octubre de 2020

Reseña de breviario amarillo por Jorge Monteleone




En el antiguo mundo el breviario fue creado como un compendio de salmos, de oraciones, de relatos de vidas ejemplares para que todas las horas del día y las estaciones del año vivieran su liturgia. No había palabra que no consagrara un instante. De aquel gesto, este breviario de María Aranguren conserva en cada poema el destello de un momento. Pero cae la luz del tiempo sobre las páginas y las palabras. Esa luz las vuelve amarillas y en el color perdura, marca ardiente, el aura de lo que ha pasado: la extrañeza, la atención, la extravagancia del día. Y, sobre todo, el paso tenue de alguna belleza que casi nadie ve, porque al mismo tiempo es el ave y la letra y el breve son de la bilabial: “En el alambre / un benteveo vibra”.

En su escritura, la poeta aprendió del haiku japonés el ritmo concentrado del acontecer (“Tibio limón / curvando el destino / de una mano”) y del limerick inglés pulsó el absurdo de un acto inesperado: “Morder con la facilidad / de un caballo / no siendo / caballo”. La poeta contempla lo real como una extranjera que traduce a su lengua propia lo que damos por sentado en el idioma común: “Donde las plumas / tuercen los dedos. / Ahí, amanecer”. Y toma una instantánea de improviso y cambia la música de lugar: “En mi ciudad / los padres pasean / jaulas con animales / dorados”. Así la lengua misma se da vuelta como un guante que se mira del revés.

María Aranguren hace magia en la brevedad amarillista de este breviario: su poesía de lo mínimo incrementa y dilata el mundo.

Jorge Monteleone

sábado, 10 de octubre de 2020

Reseña de Rara Avis por Denise Griffith

UN BESTIARIO DE IMAGINACIÓN SIN LIMITES


En un minucioso despliegue de letras y palabras, la escritora e ilustradora María Aranguren muestra en Rara Avis (Wolkowicz, 2020) una imaginación sin límites. Con un diseño exquisito, entramos a un universo de criaturas extraordinarias con pinceladas de precisión formidable: se supone que cada especie nace, se reproduce y muere… Pero hay algunas adictas a fingir su muerte y, entre esas peculiaridades, también las hay amantes de la música.

Encontramos pasajes como los siguientes:

De cuerpo redondeado y extremidades cortas, los corocú muestran una sensibilidad especial a cualquier tipo de música presentando un erizamiento del pelaje y un movimiento pélvico que se amolda al ritmo dominante.

Según este grupo, el sueño no es más que un material donde puede ejercitarse cualquier conducta y luego ser trasladada a la realidad (…). Algunos de los defensores acérrimos de Freud argumentan que el sueño ya no solo sería la vía regia para el conocimiento del inconsciente, sino también para la manipulación de lo consciente.

Quisiera destacar que no es tan fácil adaptarse y regirse por las reglas del género de entradas de un bestiario fabulario y también diario. En este caso, el libro está integrado por veinticinco especies y además de sentir verdaderamente que vamos descubriendo el producto de una investigación, cuenta con voz propia, algo que más allá de los pasajes del diario suele ser difícil de lograr cuando se utiliza cierta terminología. Por otro lado, a los textos no les falta humor, de hecho, contienen referencias a Moulin Rouge, Los viajes de Gulliver, Alicia en el país de las maravillas, Stephen King, Edward manos de tijera, El señor de los anillos, entre otras, como un noble homenaje.

Estamos ante un hermoso libro para regalarle a alguien. En especial, si se piensa en una persona sensible que se deja maravillar por cada detalle que la rodea o que conserva su niño interno. Es toda una experiencia atravesar las frondosas 115 páginas de este libro. Se trata, sin lugar a dudas, de un ejemplar especial, hecho con amor. Dedicarse a la contemplación y al mundo interior en un momento en el que todo parece atentar contra eso es un acto de valentía. Festejamos que siguen naciendo libros de fragilidad y encanto como estos.

Jueves. Por la noche.

¿Cómo se ama a un canario? ¿Cómo, a un conejo? Dicen que el lenguaje se pulveriza cuando se intenta describir la pasión amorosa, cualquiera sea su clase. Que las palabras no alcanzan para circunscribir la hinchazón del pecho, la incrementación del pulso. Tampoco alcanzan para exorcizar la pena.

Por la tarde

No estoy solo. O, en todo caso, no estoy más solo que un cascarudo, un camalote de río o una enana blanca. A mí me basta lo inmenso del azul del cielo, encontrarme piedras como pájaros, constatar la secreta fragilidad del invierno, el furioso despertar de la primavera, las impenetrables tormentas de tierra en los caminos del verano.


ESCRITO POR DENISE GRIFFITH

Escritora y editora argentina miembro de PEN internacional. Traductora literaria y técnico-científica graduada del IES en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández". Publicó el poemario "Carencia" con Editorial Liberoamérica en 2019. Trabajó en el Ateneo Grand Splendid (una de las librerías más hermosas del mundo). Colaboró en diversas revistas digitales. Contacto: griffith.denise.03@gmail.com Instagram: @d.e.grifith

jueves, 3 de septiembre de 2020

Hipertrofia - Cuento

Alegría inmensa por la mención de la Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba para mi cuento Hipertrofia, seleccionado para formar parte de la antología que publicarán próximamente. Infinitas gracias a los organizadores y jurados por el trabajo y el tiempo dedicado y felicitaciones a los ganadores de todas las categorías! 


La Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba y el jurado del certamen, integrado por Carlos Schilling, Nelson Specchia, Esteban Llamosas, Emilia Casiva, Juan Manuel Conforte y Lorena Díaz, se complacen en anunciar los resultados del  Primer Concurso de Narrativas 2020: #QuedateEnCasaEscribiendo.
A pedido de la Dirección de la Editorial, considerando la importante cantidad de postulantes al Concurso, el Jurado aceptó seleccionar de manera adicional, un conjunto de trabajos que se destaquen por su calidad literaria y que pudieran por esa condición integrar la futura obra a ser publicada en formato digital.
¡Gracias a todas y todos quienes participaron de la convocatoria!

Categoría CUENTOS:

1º premio: Rasgos criminales
Autora: María Julia Mazzarino.
San Carlos de Bariloche, Argentina.

2º premio: Retornos
Autora: Trébol, María Fernanda
Rosario, Santa Fe, Argentina

3º premio: La piedad de los enemigos
Autor: Adrián Benelli
Tanti, Punilla/Córdoba. Argentina.
 
Mención: Hipertrofia
Autora: María Aranguren
Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina
 
Mención: ¿Por qué no?
Autor: Leandro Ariel Braier
Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina
 

Menciones Especiales del Jurado:

El piyama
Autor: Miguel Ángel Rubio
Hamburgo. Alemania

Bendermann
Autor: Nicolás Santiago Jozami
Córdoba capital. Argentina.

Categoría RELATOS DE CÓRDOBA:

1º premio: Semáforo
Autora: Lucía Caisso
Salsipuedes, Córdoba. Argentina.

2º premio: Las arañas
Autor: Alejandro Benjamín Laurentti
La Cumbre, Córdoba. Argentina.
 
3º premio: Postales del Barrio General Paz
Autor: Adrián Hipólito Calvo
Córdoba Capital. Argentina.

Mención: Soliloquio de un fantasma enamorado
Autora: Alicia Gloria A. Rubio
Córdoba Capital. Argentina.

Mención: El cruce del vado
Autor: Carlos Oscar Guirado
Laguna Larga. Córdoba. Argentina.

Categoría CRÓNICAS:

1º premio: La ausencia del abrazo
Autora: Antonia Quattordio Galmarini
Florida, Buenos Aires. Argentina.

2º premio: Las odiamos
Autor: Oscar Alberto Samoilovich
Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina.

3º premio: Dormir menos y estar más alerta
Autor: Juan José Lizama Ovalle
Providencia, Santiago, Chile.

Mención: En preparación
Autora: Ana María Paulinelli
Mendiolaza, Provincia de Córdoba. Argentina.
 
Mención: El cabo Guaraturo
Autor: Hamilton Torres Aponte.
Ciudad Villavicencio. Dpto. Del Meta. Colombia.

lunes, 24 de febrero de 2020

Reseña de Cacerías en la noche por Franco Rosso




Se pueden narrar las ausencias. En forma de golpecitos que vienen desde una allá. Desde donde no se regresa. Contar, por ejemplo, que los veranos eran casi eternos y nostálgicos. Y que a las noches las arrastran interminables filas de hormigas que no cesan en su hacer. Todo, en el aire, puede ser presa y cazador. Cada gesto, cada olvido, cada cuerpo perdido se referencia en un ayer que no es más que un cúmulo de mañanas formadoras de un cuerpo. María Aranguren nos trae a la memoria esquirlas encajadas en un pedacito de infancia que nos duele. Esa misma que, a la vez, nos propone arrancarlas sin elementos de cirugía. Contar hasta cien, tirarse en el pasto a comer confites, juntarse con la piojosa del grado, descuartizar una rata. Todas trampas invisibles para atraparnos y, esta vez, ser presas en esta cacería. Una prosa nuestra, aprehensible, que nos acerca a lo nuestro, funciona como un arma. Que está allí, al alcance colgada a la par del trofeo para que en cualquier de repente pasemos de presa a cazador. Cacerías en la noche hace que nosotros, lectores, experimentemos esa mutación casi sin notarlo, en una quietud del tiempo que nos acuna desde niños.

Franco Rosso

sábado, 4 de enero de 2020

Reseña de Rara Avis y Cacerías en la noche por Inés Marcó

SOBRE "RARA AVIS" Y "CACERÍAS EN LA NOCHE", POR INÉS MARCÓ


Rara Avis está compuesto por una serie minuciosa de ilustraciones y descripciones de seres (¿imaginarios?¿extintos?) y un diario que lleva en paralelo el narrador de estos textos.

Lo primero que uno percibe en Rara Avis son las formas y maneras de la divulgación científica que atraviesan a la obra en su aspecto visual y literario. Las ilustraciones remiten a lenguaje visual de la enciclopedia, donde la línea define y explica al espectador texturas y formas. María retoma la visualidad de las obras que daban “noticias” a sus lectores y utilizaban el grabado como medio para llegar a un público más amplio. Como fue el caso de Aves de América de John Audubon, un francés que se propuso reunir en un atlas zoológico todos los pájaros de América del Norte a tamaño real. Algunos de esos pájaros ya se habían extinguido así que no tuvo más recurso que imaginarlos. Y aquellos que todavía existían en el siglo XIX llegaban a su gabinete de dibujo muertos, de modo que Audubon no tenía más recurso que imaginarlos en movimiento e inmersos en ecosistemas que jamás había visto. Otro caso más cercano a nosotros es el de Viaje a Misiones de Eduardo Holmberg, donde el naturista relata con detalle las especies que va registrando en su expedición al mismo tiempo que nos cuenta sus peripecias y anécdotas de viaje.

De modo que María se suma a este afán de dar a conocer especies exóticas pero lo hace de la mano de la imaginación, que se vuelve el principal vehículo que posee el investigador que nos guía por Rara Avis presentándonos casos y compartiendo su bitácora de investigación. El narrador utiliza la imaginación para estudiar estos seres, pero no es una imaginación alocada sino bien formada que se fundamenta en rasgos biológicos compartidos con otras especies. Este investigador, del que nos enteramos de pocas cuestiones personales a través de su diario, tiene una amplia formación en Ciencias Naturales, y se mantiene al corriente de los últimos estudios científicos. Es un narrador generoso que nos explica e ilustra a nosotros, su público lego. Las descripciones que nos provee muchas veces suple la ausencia de la ilustración, legándonos a nosotros la capacidad de imaginarnos a la especie en cuestión: “El tapur es una criatura de dimensiones planas, cubierto por un pelaje fino y suave que adquiere distintas coloraciones de acuerdo al ambiente”.

En Rara Avis, la  tarea de mirar cobra una importancia fundamental. El investigador que nos cuenta sobre estas especies es un agente atento que ha visto por sí mismo a algunos de ellos, y los ha visto porque ha mirado con detalle. Lo reconoce en su diario: “Los días se reducen al entrenamiento del ojo. Nadie nace sabiendo mirar. A mirar se aprende.” Lo cual nos pone a nosotros, sus lectores/espectadores, en un lugar de cierta de incomodidad: existe la posibilidad de que no hayamos visto a un txiribiri porque no hemos prestado la suficiente atención. Esta capacidad de mirar, a su vez, tiene un eco en la minuciosidad de los dibujos.

Cacerías en la noche reúne una serie de relatos que, generosos, propician una zambullida sin rodeos en la lectura. María recupera formas, aires, tonos que nos atraviesan a aquellos que supimos vivir en el litoral. Los cuentos están llenos de una sensación de familiaridad que nos hace próximos a los personajes, que tan humanos, hacen de sus vidas lo que pueden, resolviendo sus problemas con lo que tienen a mano.

Inés Marcó

jueves, 12 de diciembre de 2019

Reseña de Cacerías en la noche por Mariana Travacio




A María la conocí en un taller de narrativa, sobre la avenida Callao, muy cerca de Clásica y Moderna. Nos juntábamos ahí, un par de veces al mes, a leernos lo que habíamos escrito en la quincena. Me acuerdo siempre de la voz pausada de María, en sus lecturas, una voz que le daba peso a cada palabra, que le daba entidad a cada fonema, como si estuviera deletreando un lenguaje nuevo, absolutamente imprescindible, por desconocido. Y me acuerdo, también, en particular, de una de esas lecturas. Había traído ella, ese día, un breve texto sobre esas familias que se sientan a la vera de la ruta, con el mate, con la silla plegable, a discurrir un rato. A mirar qué, me preguntaba yo, porque me resultaba desgarradora la imagen que se me iba formando en la retina, en el cuerpo, a medida que María leía. Fue un estremecimiento, porque con ese texto, al borde de esa ruta, entre esa gente que iba a sentarse allí, recordé que la tierra gira y que, en ese gesto, nos regala los días y las noches. Esto hace, todo el tiempo, María Aranguren, o las letras de María Aranguren: nos regala los días y las noches. O quizás deba decir que esto se lo debemos a la mirada de María Aranguren, porque, como sabemos, la literatura solo es posible desde una mirada profundamente perpleja. Yo creo que hay algo que se pierde con los años: la perplejidad infantil, eso se pierde, esa capacidad de mirar el mundo como si lo estuviésemos viendo por primera vez.  Y, sin embargo, para nuestro deleite, María Aranguren conserva la mirada intacta, limpia, profundamente despierta. Eso le permite erigir textos como el que recuerdo de nuestros encuentros en la Avenida Callao y textos como los que componen el libro que hoy nos convoca.
Empecé a leer este libro en la playa, junto al mar, todavía en formato digital. Me acuerdo del impacto en el cuerpo y de haberle escrito enseguida, a María, apenas terminé de leer el primer cuento, Botánica, como quise llamarla, cuando terminé de leer el cuarto cuento, Cacerías en la noche, o después del séptimo, Nadie Nunca, quizás el más brutal de todos. Otra vez, como en mi recuerdo de su texto a la vera de la ruta, el impacto en el cuerpo: lo que solo logra la buena literatura.
Cacerías en la noche es, acaso, un libro sobre la ausencia. O sobre algunas formas de la ausencia. Y, como decía un querido poeta brasileño, “la piedra no flota, lo que flota es la ausencia de piedra rumbo al fondo”. La piedra no está, pero deja huella. Como si Aranguren hubiese venido a pintar esos círculos concéntricos de la piedra rumbo al fondo, en cada uno de estos trece cuentos hay algo que se ha perdido. Se ha perdido una hermana, un perro, una esposa, un nieto, un tramo del pasado, el amor de un hermano, la complicidad adolescente, la infancia toda.
“Escribo para disolver el tiempo” leemos en el segundo cuento del libro. Y sigue: “Ahora es como si alguien hubiese tirado un poco de ácido sobre las imágenes del pasado”. Repito: “como si alguien hubiese tirado un poco de ácido sobre las imágenes del pasado”. Qué manera tan perfecta tuvo la querida Aranguren de venir a recordarnos la esencia de cualquier acto evocativo.
Como decía Paul Valéry: “Nada entero sobrevive, exactamente como en el recuerdo, que nunca es más que residuo y solo es preciso cuando es falso”.
Los personajes que habitan estas páginas buscan descomponer el tiempo, encontrar un resquicio que lo detenga, que lo vuelva atrás: que les permita retener un olor, un color, una música, una voz. Pero, cuando queremos evocar el pasado, como veíamos recién, nos damos cuenta de que solo nos quedan unas pocas hilachas deshilvanadas: esa fragilidad desde la que nos imponemos tejer una historia, cualquier cosa que nos devuelva un sentido. Así avanza este libro, como una verdadera cacería, como una cacería de sentido en plena noche, con la dificultad de la noche: con lo que la noche nos permite ver, siempre de un modo fragmentario. “No hay más luz en el jardín. Lo único que se alcanza a ver es el temblor de un gigantesco enjambre de bichos”. Esto se lee en el cuarto cuento del libro: “No hay más luz en el jardín. Lo único que se alcanza a ver es el temblor de un gigantesco enjambre de bichos”. Con esos hilos de luz, desde su prosa rítmica y profundamente poética, María Aranguren logra tejer trece historias brutales que parecen haber nacido de la más lúcida de las alucinaciones. Sobre escenarios extrañados y una atmósfera profundamente inquietante, Cacerías en la noche viene a dejarnos una sinfonía perfecta: cada cuento vibra como el instrumento exacto para que el libro opere como una caja de resonancia. Una caja que amplifica hasta lo indecible cada personaje, y cada escena, para venir a regalarnos un cuadro imprescindible sobre la nostalgia y sobre la herida de estar vivos.
Felicitaciones, María Aranguren.



Mariana Travacio
Buenos Aires, 7 de diciembre de 2019.



martes, 22 de octubre de 2019

Reseña de Rara Avis por Santiago Llach




Ya desde el título, Rara Avis, el libro y su autora, María Aranguren, traen la figura de la extrañeza, la del arte como actividad de los inútiles o de los no del todo funcionales, la figura de la belleza como lo que no tiene función.
Dos epígrafes presentados con una simetría espacial invertida, casi como si fueran el reverso la una de la otra, casi por fuera de los literario y artístico, encabezan el libro. Son de Henry David Thoreau y de Charles Darwin, dos escritores casi o totalmente externos a la literatura, que van romántica o científicamente, como va María, en busca de la naturaleza.
María se apropia de la figura del cazador de lo bello, Thoreau, quien dice también “que nunca se me escapa nada”. Aparece ahí la idea de la actividad literaria o intelectual como la de quien fija, la de quien les da nombres a las cosas para organizarlas. En línea con ello, hay en el libro un espíritu juguetonamente taxonómico.
Darwin por otro lado dice en el epígrafe que el origen el sentido de la belleza es “una cuestión oscura”. Es muy interesante que desde la ciencia se presente el arte como misterio y va en línea con la extraña variedad de materiales que trae Rara avis.
La idea de Darwin es de alguna manera la idea opuesta a la de apresar o fijar el sentido. Ahí hay otra línea que cultiva María que es la del sinsentido, la irracionalidad, el misterio.
Rara Avis se plantea como un libro híbrido en varios aspectos. Desde el género, trae las formas de la enciclopedia, el caligrama, la fábula, la poesía, el tratado científico, el haiku y la literatura intimista.
Es un libro de una artista polifacética, que se expresa en formatos varios y a través del arte de la escritura y el del dibujo.
La atraviesan los procedimientos de las vanguardias.
Recurre al juego tipográfico, al slapstick, a la rima.
Es un patchwork, un muestrario de formatos y estilos.

Rara Avis es varias cosas a la vez ya desde su estructura, pero también en sus registros y los imaginarios que trae y organiza. Es un libro breve de casi haikus juguetones, es una historia natural fantástica, es una historia sobre alguien que escribe. Remite a varios géneros y traza una serie de precursores posibles a los que mezcla. Es una posible clasificación del mundo animal, una teoría sobre la escritura y sobre la ciencia, un collage de discursos científicos y personales, una narración fantástica y una narración realista y una meditación sobre la historia del mundo. Remite a una larga serie de libros o textos, como si contuviera la historia de sus predecesores, la historia de la literatura. La alcanzan la mitología griega, las historias naturales clásicas y modernas, los cronopios y famas de Cortázar, la clasificación de la enciclopedia analítica en el cuento/artículo El idioma analítico de John Wilkins de Borges, los cuentos de Macedonio Fernandez y Rodolfo Walsh en los que la nota al pie invade al texto, Bartleby y compañía de Enrique Vila Matas, en el que un narrador retirado hace una lista de textos sobre “escritores del no”, escritores que practican la retracción y la restricción, y Pálido fuego de Nabokov, una novela que consiste en un poema y los comentarios a ella. También por momentos parece un manual, tiene notas de autoayuda de ironía tierna, y en la variación de estilos gráficos y cortes de verso es también un muestrario de recursos poéticos, así como por momentos remite al tono de un cuento infantil.
El libro trata también sobre la organización arbitraria del saber y más solapada y tiernamente sobre la emoción animal que en el fondo preside al ser humano, y sobre la conexión (¿la arbitraria división?) entre humanos y animales. Es también muchas cosas más.
Por último, Rara Avis propone un ejercicio de lectura fragmentaria (¿hay alguno que no lo sea? ¿existe la literatura articulada?) y de lectura a los saltos. Este es el modo de leer que predomina en Internet, y María nos recuerda que es un modo de leer que antecede a Internet. Este objeto tan bello que es Rara Avis parece un remanso, un reparo, pulido con las técnicas antiguas del dibujo y la escritura, frente a la demasiada información que caracteriza a nuestra época.
Rara Avis es finalmente un ejercicio de literatura experimental. María Aranguren se inventa un género y un mundo y lo ofrece a sus lectores.

Santiago Llach

martes, 15 de octubre de 2019

Reseña de Rara Avis por Fernando Bellotini



PARA APRENDER A MIRAR


La Tierra es el reino de la locura, y la única libertad concedida al hombre es la de su infinita imaginación.


Jorge Luis Borges



RARA AVIS es un compendio de zoología fantástica ilustrado. Una taxonomía Aranguren que manifiesta un mundo propio hecho de seres que quizás sean imaginarios. Porque si María nos muestra con esa dedicación a estos especímenes es porque los trajo a la vida y el lector debe estar atento, en cualquier momento ellos pueden revelarse más allá de la interioridad de quien los ha concebido y de quien se informa. El lector debe estar atento a las líneas que los dibujan para no perderse la oportunidad de encontrarlos. Y decir: claro, si eso que vi esa noche en la que no había bebido tanto no era otra cosa que un zenba o un urquino. Y aceptar que el mundo se ha ensanchado. Porque esto es parte de lo que nos dejan los buenos libros: ensanchar los mundos para alimentar nuestras percepciones.
Entre criatura y criatura, además de los trazos y detalles de sus formas y costumbres, y poemas que los utilizan para su construcción, van las reflexiones y aconteceres de un narrador: “Los días se reducen al entrenamiento del ojo. Nadie nace sabiendo mirar. A mirar se aprende. Y todo acto de mirar… tiene algo de oración.”
Esta recomendación convocante a la lectura nos deja como a esos niños que piden que repitamos una historia o agreguemos otras. Y esas otras se van agregando y completan veintiséis raras avis en cuyas conductas a veces nos reflejamos.
El uzampo “sabe del arte de pasar desapercibido”.
Los flamellos son “incendiarios, fácilmente irritables y poco dados al trato amable”
Los txiribiri, son afectos al llanto y a los funerales.
Los ishish tienen baja tolerancia a la frustración, son fútiles e incapaces de experimentar amor.
Las sorollas son holgazanas, pendencieras, muy dadas a las exploraciones sin rumbo y parecen tener una afición desmedida para las novedades más un rechazo al vivir autómata.
Los dodos son muy conversadores, sedentarios ante todo y dados a la buena vida. Disfrutan de dar órdenes a animales que consideran de rangos inferiores.
Los balirzos son desconfiados.
Los lyrimbos tienen 999 conductas de cortejo.
Los pansaurios eran, además de megalómanos de aire comprimido, introvertidos y sensiblemente afectados por el medio ambiente.
Los chochos no discriminan entre objetos valiosos o vulgares.
Los cratilibios, como todos nosotros, tienen una sombra cargada de seres imaginarios.

En esta página, en la sección Misceláneas, se encuentra una entrevista que le hizo Mempo Giardinelli a Juan Filloy en 1987. Y en la que podemos leer: “El escritor que no tenga imaginación que se corte la mano, que no escriba. La imaginación es el 90 por ciento de una obra.”
Rara Avis desborda imaginación, quiere decir que -si Filloy tiene razón- nos encontramos frente a una obra literaria cabal.
Otra asociación que nos parece interesante es la que podemos hacer con la introducción a las Ciudades Invisibles de Ítalo Calvino, donde el italiano escribió: “Un libro (creo yo) es algo con un principio y un fin (aunque no sea una novela en sentido estricto), es un espacio donde el lector ha de entrar, dar vueltas, quizás perderse, pero encontrando en cierto momento una salida, o tal vez varias salidas, la posibilidad de dar con un camino para salir. Alguno de vosotros me dirá que esta definición puede servir para una novela con una trama, pero no para un libro como éste, que debe leerse como se leen los libros de poemas o de ensayos o, como mucho, de cuentos. Pues bien, quiero decir justamente que también un libro así, para ser un libro, debe tener una construcción, es decir, es preciso que se pueda descubrir en él una trama, un itinerario, un desenlace.”
¿Cuál es entonces la salida de Rara Avis? ¿El homenaje al reino animal? ¿El decir que no somos únicos y que sin la existencia de otras especies (de un otro) nuestra vida sería imposible? Porque quizás esos otros seres vivos con los que convivimos, además de contribuir a la subsistencia, y no me refiero a comerse una vaca, sino a fenómenos como (por ejemplo) la polinización, nos permiten, mediante la analogía, definirnos. Porque al observar al reino animal tambien le ponemos a veces palabras a nuestras conductas. María parece decir, en un tono burlón, mofándose del cientificismo: ¡cuidado!, sin ellos no somos y sin imaginación, tampoco…

lunes, 14 de octubre de 2019

Reseña De los rayos del sol como sogas por Pablo Méndez



Unos mates y esta reseña sobre #delosrayosdelsolcomosogas  



"Emprender un proyecto editorial en estos tiempos, no solo es una acto de riesgo, también es una forma de resistencia. Tanta Ceniza Editora comienza su ruedo como una discontinua brisa en el peor de los veranos o una gota en la sequedad de la realidad. Su primer apuesta es un libro que inaugura la colección “Maras en la barda” y cuyo título ya desborda en intención poética: De los rayos del sol como sogas. La selección y traducción de los poemas es obra de Janice Winkler y quien ha puesto su pluma para ilustrar las páginas de esta delicada edición es María Aranguren. Un libro que les niñes disfrutarán y en el que los grandes nos veremos envueltos como si quisiéramos arroparnos en una constelación de palabras. Hay poemas anónimos y de autoras y autores fundamentales como Christina Rossetti, Eleanor Farjeon, Robert Louis Stevenson, Emily Brontë y Emily Dickinson. En esa ensalada rusa que es la literatura, cada poema es una vertiente de música, de imágenes imperecederas, de asonancias, de climas, de paisajes, y de algo tan importante y de lo que la poesía nunca debería renegar: una jactancia absoluta por el juego con la ternura de las palabras. Recomendación 1: si tiene hijos, sobrinos o nietos no dude en subirse en una silla y pregonar cada verso con su entonación justa: les niñes quedarán imantados. Recomendación 2: advierta el capricho del libro y reúnase donde la naturaleza hace girar el mundo y léalos en voz alta, no está mal inmiscuirse en el silencioso diálogo de los árboles. Pero qué mejor que concluir con un poema que ejerce su reprimenda para que dejemos de ver la realidad tal cual es, porque La noche nunca se queda, / la noche siempre va a pasar, / aunque con un millón de estrellas / la puedas sujetar; / aunque la ates con el viento que sopla / y la abroches con la luna, / la noche se va a esfumar / como la pena o un poema". 

de Pablo Méndez @chefbucheron para @solo_tempestad