martes, 12 de noviembre de 2013

A cielo abierto

Su mirada daba vueltas por el horizonte seco. Los surcos arados por la fuerza del tiempo. La misma tierra expuesta, día y noche, al mismo cielo. Miró su reloj: el único colectivo que pasaba por el pueblo en toda la semana ya había salido. Pensó en las luces opulentas recorriendo la calle principal y en el ruido de los frenos y amortiguadores, haciéndose eco entre las esquinas de ripio. Casi una capsula del futuro preparada para atravesar un territorio inhóspito. Se preguntaba para qué insistía todavía en pasar por ahí. Rara vez alguien se subía o se bajaba. Pero el ómnibus seguía viniendo, como si fuese un custodio del tiempo, un regente puntual con el único objetivo de  recordarles a todos el día y el horario. Vaya a saber uno.
Una sola vez había salido del pueblo. No tan lejos. Cuando quiso acordar, se sintió sin memoria, sin cara, sin piel ni nombre ¿Quién era él después de todo? ¿Quién era él para querer algo distinto? ¿y para qué algo distinto? El tiempo era esa corriente de viento que volvía todo a su sitio, a su mismo lugar a pesar de que existiese el movimiento. O quizá fuese justo porque existía el movimiento. Una fuerza ciega que cambia un lugar por otro, una forma por otra, un nombre por otro nombre, pero al final, siempre es lo mismo. Un andar casi desnudo en la intemperie con la cabeza a cuestas.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Gesto

A veces me ato
una pequeña piedra
al tobillo.

A veces, cuando tengo miedo
de volarme. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

La invención del principio

Colgar los botines
para empezar otra vez
descalza
desde el hueco
de mi arco,
respiro clorofila.