sábado, 21 de diciembre de 2013

Umbral

Entré a lo de Fernanda resignada. Era la décima psicóloga que consultaba en menos de un año. Mi vida se había desbandando totalmente en los últimos 12 meses. Había paseado por todos los tipos de consultorios: con diván, con almohadones, con cuadros de Klimt, con cuadros de Van Gogh o de Dalí, con luz tenue, con paredes color pastel, con música de Enya en la sala de espera, con olor a sahumerio impregnado en los sofás. Había ya probado con hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ultra psicoanalistas y cognitivos empecinados en devolverme el control sobre mi vida. Había experimentado con distintos medicamentos y hasta me había sometido a la histórica hipnosis sin conseguir ningún cambio. O al menos, ninguno que fuera positivo.
Desde chica tenía el hábito de hablar mientras dormía. No solo eso sino que había veces que caminaba en la casa, recorría las habitaciones, me sentaba en el living y despertaba al otro día durmiendo en el sillón o en el medio de la mesa del comedor familiar. Mi mamá había consultado varias veces pero siempre la tranquilizaban y le decían que no era nada malo, que era común hablar y caminar estando dormido. Ella insistió con distintos médicos y especialistas pero al tiempo decidió que lo mejor era no hacerle caso a su instinto y resignarse a creer lo que le decía el resto, pensando que tal vez con la ayuda de la maduración de por medio las cosas iban a mejorar.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Intensidad

Hacerlo todo
como si en todo
se nos fuera la vida.
La vida se va
la vida se queda
la vida es ¿indecisa?

martes, 3 de diciembre de 2013

Aguadoaire

Me gustaría estar
en un lugar preciso.
Siento que floto.
Dije: “-que floto”,
no que vuelo.