domingo, 9 de julio de 2017

Oficial

Presentación de "mínimos elementales", "Necias y nercias" de Ana Ojeda y "Cosmópolis" de Fabián Soberón, el próximo viernes 14/07 a las 19hs en la Hormiga de Oro, Medrano 688. 

sábado, 24 de junio de 2017

Itaca

Hago la mochila. Pongo lana, remeras de manga larga, pantalones de tela gruesa que tapan el verano del hemisferio sur, que preparan el cuerpo para el invierno del otro lado del océano. Nada sé de lo que me espera. Un viaje laboral de último momento. Oportunamente, puedo tomar unos días de vacaciones. Aprovechar para señalar en el mapa, ciudades desconocidas que evocan poemas conocidos: las mismas calles, las mismas casas[1]. Un eterno retorno donde las diferencias de las lenguas se evaporan.
Hago la mochila. Pongo los primeros días del nuevo año. Esa ilusión de milagro que ocurre cada 365 lunas. Ese bálsamo de inicio que imanta los huesos, el esqueleto, los pies, la boca, las agendas, las horas, inmaculado el año. Puramente concebido.
Será un comienzo distinto.
Será invierno.
Mochila. Una amiga me dice: -No pienses en Homero, olvidate de Esparta, de Troya, de Sófocles, de Eurípides. Los griegos no son los de antes.
La construcción de un mito. La construcción de un Olimpo.
En mi cerebro hay incipientes fulgores. Una luz que tiembla y se apaga.
Entre un aeropuerto y otro y otro y otro, horas donde las partículas se aceleran, colisionan, se enlentecen. Tengo preguntas y sed. Tengo el tiempo que se fue. Tengo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

domingo, 14 de mayo de 2017

mínimos elementales

Por allá también andamos: Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Stand 325. Editorial Modesto rimba. Pabellón Azul. 



sábado, 13 de mayo de 2017

Solo postre


Esa noche comió solo postre. Pensó que así dolería menos la falta de olor a frito en las paredes, a cebolla rehogada, a salsa blanca, a salsa de tomate, a salsa rosa en asmática erupción. Una cabecita de ajo quedaba abandonada sobre la mesada de mármol y las pintitas parecían oscurecerse mientras se servía lo que quedaba de flan en una compotera.
Miró las agujas del reloj y sintió un leve temblor en los párpados solo de pensar que no habría quien cocine el bizcochuelo de su próximo cumpleaños.
La primera cuchara le despertó el hambre. Como si fuera –el hambre- un animal en cautiverio, le pidió serenidad y tragó saliva. Pensó que sería bueno tener un entretenimiento para distraer a tantas multitudes invisibles –el hambre, la ausencia, la culpa–. Intentó seguir las figuras de los vecinos del piso de enfrente. Pero las siluetas se desfiguraban y desvanecían aumentando su inquietud. A la tercer cucharada, se dio cuenta que era mejor apurarse y terminar cuanto antes. No habría olor a té de tilo, ni jazmín, ni rosa mosqueta. Nadie controlaría que se lavara los dientes ni apagaría la luz dejándolo a oscuras.     

viernes, 10 de febrero de 2017